DE DIMISIÓN O CESE INMEDIATO Y APERTURA JUDICIAL

Me faltan palabras, me da asco y repugnancia las manifestaciones de la Ministra de Igualdad, Irene Montero en una Comisión del Congreso de los Diputados.

Esta señora que no merece ningún título de nada, ha dicho: “ si un niño quisiera tener relaciones sexuales con un adulto no habría ningún problema, siempre que haya consentimiento en el menor”.

También según recogen las informaciones, ha dicho que las niñas tienen derecho a tener relaciones sexuales con quién les de la gana.

Antes estas monstruosas declaraciones la sociedad debe de reaccionar ya y pedir la inmediata dimisión de esta individua, que para mi ha dejado de tener el mínimo respeto como ser humano.

Pedro Sánchez, tiene que cesar a esta Ministra ya y si no lo hace será coparticipe de tal monstruosidad.

Mateo 18.6.: “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una piedra de molino, que mueven los asnos y le hundan en lo hundan en lo profundo del mar”.

Quitar la inocencia de los niños es un pequeño asesinato a sus derechos, un desprecio a la vida en dignidad y un acto de máxima perversidad.

Esta señora debe de dimitir y para ello los ciudadanos debemos de salir a la calle y llevar a los Tribunales tales declaraciones.

Si el PSOE, comulga con estas ideas y no las corta en sus socios, estará de alguna forma legitimando tal barbaridad, se que los militantes socialistas de bien, están horrorizados y perplejos, apelo a su dignidad para que eviten que esta señora siga en su cargo.

Los Tratados de los Derechos del Niño creo que recogen bien sus derechos y dejan en evidencia todo intento de perversidad y abuso como el dicho por la Ministra.

 

EL ALZHEIMER

Recientemente hemos celebrado el día del Alzheimer, una enfermedad silenciosa que produce un deterioro cognitivo continuo en el ser humano, dejándole sin referencias actuales y con recuerdos en muchos casos de experiencias vividas años atrás, aunque cada caso, tiene peculiaridades y comportamientos distintos.

Sin embargo, hay algo en el ser humano, imposible de borrar, como son los sentimientos.

Por experiencia propia, por lo general la persona con Alzheimer, percibe el cariño de los semejantes, aunque posiblemente no distinga la persona en concreto, pero si el sentido de cariño y amor.

Cada tarde, que estoy unas horas con un familiar con Alzheimer, percibo la grandeza del ser humano en su corazón y también la crueldad de un sociedad pendiente de cosas absurdas, cuando todo en la vida es tan débil y tan pasajero.

Observo en este caso, como con cariño los profesionales tratan a los mayores impedidos o desmemoriados y observo también lo positivo de los familiares que hacen grandes esfuerzos para estar el mayor tiempo posible con sus seres queridos y observo por el contrario, la crueldad de otros, que viven ajenos a sus mayores y los “aparcan”, como si fueran “muebles” en desuso y apenas van a visitarles.

Es decir, lo mejor y lo peor del ser humano, el cariño de mucha personas y el egoísmo tremendo de otras.

El Alzheimer, si que es una enfermedad con graves consecuencias, no sólo para quién la padece, sino también para los familiares que se preocupan realmente y para sus cuidadores en centros o residencias.

Sin embargo, ser conscientes de todo ello, a las personas que tenemos contacto, nos hace más realistas y creo humildemente algo mejores, porque nos saca de la falsa realidad de una sociedad desquiciada, que vive en la mentira y que está perdiendo el corazón.

Los enfermos de Alzheimer, sienten y padecen en su mundo especial y por supuesto reciben con alegría el cariño de quien se lo da, porque hay algo en el ser humano, que es imborrable.

 

BUSCAR LA PAZ Y NO LA GUERRA

Es realmente demencial, que nadie en la UE, hable de una Mesa de paz para parar la guerra en Ucrania.

Más al contrario, si se escucha a la Presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von Der Leyen o al señor Borrell, en absoluto hablan de paz, sino más bien de seguir atacando a Rusia.

Parece que los jóvenes que mueren en el frente de uno y otro lado, los millones de personas que se ha quedado sin hogar, les importa “un bledo”, pues de lo contrario estarían hablando de buscar una solución negociada.

Aquí hay muchas cosas que no cuadran en la acción bélica de Estados Unidos y Europa, cuando el conflicto llevaba diez años y no se hacía caso del mismo.

No se trata de justificar al Gobierno de Putin, todo lo contrario, sino de la extrañeza que supone que no se quiera hablar de paz por parte de los contendientes.

Pero la UE, debiera de ser un elemento garante de los derechos humanos y la paz y no ningún patrocinador bélico.

Estos dirigentes de la UE, se olvidan de la crisis creada en Europa, con el cierre de empresas y perdida de puestos de trabajo, sólo ellos son responsables de tal desastre, porque su primer objetivo debiera de haber sido evitar la guerra y no inflar con dinero de los impuestos europeos, para pagar armamento para Ucrania.

Rusia, es la misma nación ahora y tiene los mismo dirigentes, que hace un año eran recibidos en todas las Cancillerías del viejo continente y participaban en empresas mixtas. Todo es muy extraño, demasiada oscuridad en el proceder.

Rusia, tiene ahora a un líder desesperado, capaz de cualquier “locura”, me pregunto porque no paran la guerra y negocian para buscar la paz.         

HUMANIDAD Y COMPASIÓN

Hemos perdido la vergüenza y sobre todo la humanidad en España, o la humanidad depende de la persona y su origen.

Días pasado escribía aquí, que nadie con más de 75 años debiera ingresar en prisión, salvo por delitos de sangre, violencia, tráfico de drogas o de personas u otras causas de peligrosidad social, y lo decía respecto al que fuera presidente de la Junta de Andalucía, condenado a seis años de cárcel por el caso de los ERES, José Antonio Griñan.

Sin embargo, los mismos que piden su indulto, son los que no quieren en España al Rey Emérito don Juan Carlos, un anciano(84 años), enfermo con graves problemas de movilidad.

Muchas de las cosas que se han ido conociendo de la vida particular de Don Juan Carlos, han sido graves, e incluso algunas muy graves, para el ejemplo que debe dar un alto mandatario, pero también ha hecho importantes y grandes servicios a España.

Ningún Tribunal Español, le reclama, ni tiene cuentas pendientes, por lo tanto ni el Gobierno de la Nación ni la Casa Real son nadie, para impedir que una persona muy limitada y anciana no pueda vivir en su país, es más presionar para que no tenga movilidad en un atentado a la libertad, por muy bien que se encuentre en un magnífico hotel del Golfo Pérsico.

España, aunque algunos parecen quererlo, no es ninguna dictadura y no puede el Gobierno coartar por gusto o no gusto, la vida de sus ciudadanos y menos de una persona con tanto servicios en su haber, por mucho que en otros asuntos haya defraudado.

Su hijo el Rey de España, tampoco debiera de olvidarse, que por muchas cosas que haya hecho mal su padre, es su padre, y debe de respetarle ante los ciudadanos y ante la historia que le juzgará.

No podemos vivir en un país de miedos y de personajes, con una vara de medir tan grande, para los que creen suyos y tan corta para otros. La humanidad y la compasión no deben de desaparecer de nuestros corazones, por mucho que algunos quieran, al margen de ideas o creencias respetables.    

“COMPASIÓN”

Recoge la Real Academia de la Lengua Española, que la palabra “compasión” significa: Sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien.

“Compasión”, viene la raíz latina “compatio”, que significa “sufrir con”.

El sufrir con otra persona, hace que la compasión vaya más allá de la propia simpatía y entre en el espacio de la empatía, aunque realmente sea mucho más.

Vivimos tiempos muy malos para la “compasión”, se destroza a las personas, que no piensan igual, se destroza la fama del que tiene la valentía o coherencia de discrepar, se destroza al adversario político por el mero hecho de serlo.

En definitiva, podíamos entrar en las redes sociales que son por lo general, todo lo contrario a la compasión.

A nivel humanitario sucede, tres cuarto de lo mismo, se lleva a la guerra a las personas inocentes, se las hace sufrir innecesariamente en tantos y tanto conflictos por intereses oscuros.

Sin embargo, aunque en todos los campos falta compasión, es como decía, en las redes sociales, donde la maldad, la ignorancia, cubierta por la cobardía del anonimato, donde se muestra más, todo lo contrario a la compasión, se muestra la crueldad y el desprecio.

También en el deporte, como vemos cada vez con más frecuencia, “energúmenos” sociales, insultan al adversario de manera racista y se llega también a extremos peores, como el enfrentamiento físico.

Todo ello es fruto de un egoísmo galopante, que hace que la compasión con el semejante desaparezca.

Porque la persona con compasión, tiene un corazón blando, no lleva cuentas de mal y siempre está dispuesto a perdonar.

Los medios de comunicación, lo mismo que la falta de educación en valores y el abandono de la fe son aspectos fundamentales en el desarrollo de este egoísmo tan pernicioso, que se transforma también en falta de compasión y hace casi inhabitable esta sociedad.

PERVERSIÓN DEL LENGUAJE

Todo ser humano con sentido común, quiere progresar, las sociedades quieren progresar.

Sin embargo, el problema está en la utilización de la palabra “progresismo”.

¿Cómo se puede llamar progresismo al aborto?, cuando es un fracaso y una muerte.

¿Cómo se puede llamar progresismo?, a que los ciudadanos vivamos peor que hace tres años, que nuestros salarios no sirvan para llegar a fin de mes.

¿Cómo se puede llamar progresismo, que nuestro derechos individuales sean vulnerados, sin consecuencia alguna para los ejecutores, como hemos vivido con los confinamientos?

¿Cómo se puede llamar progresismo a que tengamos que pasar frio en invierno o calor en verano, porque nos digan a que temperatura tenemos que vivir?

En realidad, podría seguir, porque lo que se llama “progresismo” es un “mantra”, una mentira que se saca de la manga, para parecer más “guay” y moderno y confundir la realidad.

Verán que se abandona la palabra justicia, por la palabra progreso, porque la primera obliga a buscar la justicia y los equilibrios y la segunda es una palabra bonita que se queda en nebulosa.

Con la palabra “progresista”, se trata también de orillar a todos los que no adopten este lema, aunque realmente quieran por supuesto, el progreso y el bien de la humanidad, porque así se busca siempre un enemigo externo.

Hay que reconocer que la perversión del lenguaje, afecta de manera muy grave a esta sociedad, con un único fin: el engaño y la manipulación de masas.

Como la palabra aborto suena mal, se sustituye por interrupción voluntaria del embarazo.

Podemos hablar de otras palabras tópicas, como pobreza energética y así sucesivamente.

Toda una “farsa” para no hablar y abordar los problemas reales sin que se piense en buscar la verdad. Se llama ingeniería social, con un único objetivo controlar al ser humano en su libertad.

FUERTE CON EL DEBÍL Y DEBÍL CON EL FUERTE

Privar de su libertad a un ser humano es algo muy serio y que debiera siempre estar muy justificado por su peligrosidad social: asesinatos, secuestro, tráfico de drogas y de seres humanos, terrorismo y cuestiones en las que el individuo sea un peligro social para la comunidad en su conjunto.

También creo firmemente, que nadie con más de setenta y cinco años e incluso alguno menos debiera ingresar en prisión, por delitos que no supusieran un peligro para los ciudadanos y que se debiera buscar otro tipo de castigos, por ello creo que el ex presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñan, no debiera de ingresar en prisión, pues tiene 76 años de edad, y ciertamente no supone peligro alguno para nadie y entrar en prisión puede suponer su muerte en vida.

Sin embargo, es realmente curioso que nada menos que cuatro mil personas han pedido su indulto, no sólo compañero suyos, que lo entiendo, sino personas de otros partidos, deportistas, empresarios.

El problema, no está en pedir el indulto, sino en que no se ha pedido perdón de nada.

Tenemos un caso en Cantabria sangrante, en comparación con el del señor Griñan.

Me refiero al de Ángel Lavín (Harry) ex Presidente del Racing, que tiene que entrar en prisión en los próximos días y no le han dado el indulto, lo que obviamente no resiste comparación alguna con lo del señor Gríñan, ni por importancia social ni por el ejemplo negativo que supone la actitud de un cargo público.

Conozco a Ángel Lavín, hace bastante tiempo que no hablo con él, pero puedo decir que en su relación conmigo siempre ha sido una persona cordial y no me ha parecido merecedor de ser privado de libertad, otra cosa, es que haya podido cometer irregularidades o ilegalidades en su gestión del Racing, pero realmente me parece que privarle de libertad, algo así como “matar moscas a cañonazos”.

No trato de entrar en el fondo de la cuestión, sino en que privar de libertad es algo muy serio y que debiera ser muy tasado.

La clave de toda medida de gracia, debiera de estar en el arrepentimiento sincero y en el perdón y por supuesto, en una voluntad de la persona condenada de resarcir el daño realizado, al menos, con algún servicio a la sociedad en su conjunto.

Por lo tanto el señor Griñan, para ser indultado debe de pedir perdón, lo contrario es crear desigualdades lamentables y vergonzosas como la de Ángel Lavín.

Por otra parte, pedir perdón, de verdad y no con la boca chica, es un acto de nobleza que engrandece a quién lo pide, todo lo contrario que la soberbia.

Mientras en esto sucede, los terroristas de ETA sin arrepentimiento alguno son jaleados y llevados a la cárceles vascas, donde enseguida gozaran de permisos.

El mundo al revés, de una sociedad desquiciada: Fuerte con el débil y débil con el fuerte.FUERTE

CAMBIO EN EL PANORAMA POLÍTICO MUNDIAL

Le panorama político en Europa va a cambiar pronto y ello tendrá afortunadamente serias repercusiones en la Comisión Europa y en su decisiones absurdas.

En Suecia, de hecho ya se ha producido el cambio político, con la dimisión de la actual Presidenta por perder la mayoría en la Cámara en manos de los conservadores y de la derecha.

En Italia, pasará según las encuestas tres cuartos de lo mismo en la próximas elecciones de finales de este mes.

Por todo ello, el panorama en la UE se pone complicado para el globalismo.

Si además los republicanos, como parece pueden controlar en las elecciones de noviembre la Cámara de Representantes o el Senado, los problemas para el globalismo será aún mayores, porque Biden verá bloqueada su agenda de destrucción social, que es lo que realmente está haciendo.

Los ciudadanos del mundo, nos jugamos las libertades individuales, el libre albedrio, por ello es tan importante esta reacción que parece imparable.

La sociedad no quiere resignarse y con razón, a vivir peor y a un sometimiento social manipulador.

Con la ayuda de Dios, seguro que el bien como siempre antes o después ganará.  

ESTADOS UNIDOS: CONTROL Y MANIPULACIÓN SOCIAL

Poco a poco, con cuentagotas, se van conociendo datos tremendos de la gran manipulación a la que las sociedades han estado sometidas durante la pandemia del COVID-19.

Se acaba de conocer que funcionarios del Gobierno de Estados Unidos, presionaron a la redes Twiter y Facebook y a otras empresas tecnológicas, para censurar aquellos contenidos que el gobierno de Joe Biden consideraba contarios al relato de la pandemia.

Según diferentes informaciones, de las que se hace eco LA TRIBUNA DEL PAIS VASCO, todo este intercambio de instrucciones o recomendaciones se recogen en ciento de correos electrónicos que los fiscales de Missouri, Eric Schmitt y de Luisiana, Jeff Landry, han obtenido en el marco de una investigación, tras una demanda.

Los correos revelan meses de contactos, entre representantes del Gobierno de Biden y directivos de redes sociales, ante cualquier critica que se atreviera a cuestionar los aislamientos o las vacunas.

La información obtenido afecta a más de 45 funcionarios de la Casa Blanca, que al parecer tenían reuniones periódicas para discutir aquello que debiera censurarse.

Los Fiscales de Missouri y Luisana, han decidido llevar ante los Tribunales al Gobierno de Joe Biden.

Sin duda, todo ello es punta del iceberg, de la indudable manipulación social, preparada o no a nivel mundial con motivo de la pandemia del COVID-19.

Estas pruebas pueden abrir la puerta a otras en diferentes países del mundo ante el atentado más grande contra la libertad y los derechos humanos en los últimos cincuenta años en el mundo.  

EL DECLIVE DE LA RAZÓN EN OCCIDENTE

De nuevo un intelectual, un sabio, como D. Fernando del Pino Calvo-Sotelo, recoge en su Blog, una interesante articulo, sobre la realidad de esta sociedad que vivimos, por su interés lo reproducimos…

 

 

 

 

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

13 de septiembre de 2022

Hace muchos años preguntaron al Premio Nobel Albert Schweitzer en una entrevista: “Doctor, ¿qué le ocurre al hombre de hoy?” Tras meditar unos segundos, Schweitzer respondió: “El hombre de hoy simplemente no piensa”. Si ésta era la respuesta hace décadas, me pregunto cómo sería hoy cuando el móvil ha reducido nuestra capacidad de atención al nivel de un simio.

¿Qué es pensar? Pensar es formar y combinar ideas en la mente tras atenta reflexión. ¿Pensamos antes de actuar o de emitir un juicio o nos limitamos a imitar a otros? Porque saber en tiempo real todo lo que acontece o repetir como un papagayo lo que oímos de otros no es pensar. Como escribe el gran pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila, “en un siglo donde los medios de publicidad divulgan infinitas tonterías, el hombre culto no se define por lo que sabe sino por lo que ignora[2]”.

Pensar exige detenimiento, atención, tiempo y esfuerzo. Cotorrear, sin embargo, no exige nada de eso, motivo por el que es una actividad más popular. Pero pensar tiene otro atributo adicional: es el escudo que protege nuestra libertad.

Por este motivo, los yonquis del poder intentan disuadir al hombre para que no piense por sí mismo, pues no quieren individuos pensantes sino clones obedientes, al igual que no desean hombres libres e independientes sino hombres-masa, dependientes y controlables.

Para lograrlo, lo primero que hacen es enardecer sus pasiones, puesto que éstas dificultan pensar, y les inclinan hacia el vicio, que siempre esclaviza (del mismo modo que la virtud libera). En efecto, raro es que un político proponga a los votantes sacrificio, generosidad, esfuerzo, responsabilidad, cumplir con la palabra dada, veracidad o respeto a quien opina diferente.

Más bien les enseñará a temer (y, por tanto, a detestar) al adversario político, fomentará la envidia y la codicia de los bienes ajenos (bajo la coartada de la “solidaridad”) y prometerá fantasías como vivir sin trabajar (o sea, del trabajo de otros) evitando asumir ninguna responsabilidad, que asumirá el Estado Leviatán, carcelero benevolente. Por ello, en palabras de Gómez Dávila, “aun sin querer la tiranía, el pueblo quiere fines que la implican”.

Por lo tanto, el sistema de incentivos perverso de las elecciones en las democracias “del Bienestar” conlleva el paulatino debilitamiento moral del individuo y, como moral y libertad son conceptos indisolublemente ligados, la pérdida de moral conduce a la servidumbre.

El poder del miedo

Los yonquis del poder conocen un atajo para lograr que el hombre deje de pensar, se deje dominar por las pasiones y acepte la servidumbre. Se trata del miedo.

El miedo puede ser una táctica de control para dirigir nuestras pasiones (generalmente la ira) hacia terceros: se crea un miedo, real o ficticio; se señala un culpable, real o inventado; y “los salvadores” se postulan para protegernos y devolvernos nuestra seguridad a cambio de entregarles nuestra libertad. Miedo y libertad, por tanto, acaban siendo incompatibles.

Pero el miedo también puede ser utilizado para doblegar voluntades de forma más directa. No olviden que el poder se define como la capacidad de modificar la situación de otra persona mediante la administración de premios y castigos, esto es, de someter la voluntad de los demás.

Un modo de lograrlo es intimidar mediante la presión de grupo. ¿Cómo funciona? Por un lado, confunde adrede la verdad con la opinión de la mayoría, confusión facilitada por la ficción democrática. Como animal gregario y social que es, el hombre cree que si toda la manada se dirige hacia un lugar allí debe haber comida y agua (aunque sea un despeñadero). No es estrictamente necesario que la mayoría real piense de un modo; basta con que el individuo así lo crea, y esto lo logran los yonquis del poder a través del martilleo mediático.

Asimismo, esa misma naturaleza social mueve al ser humano a temer ir contracorriente y arriesgarse a ser estigmatizado y condenado al ostracismo, pues la soledad le asusta y frecuentemente construye su opinión sobre sí mismo en función del aplauso ajeno.

No olviden que enfrentarse a la masa requiere mucho valor. Como nos recuerda Hannah Arendt en Los Orígenes del Totalitarismo, “han existido hombres capaces de resistir a los más poderosos monarcas y de negarse a someterse ante ellos, pero ha habido pocos que resistieran a la multitud, que permanecieran solos ante las masas manipuladas atreviéndose a decir no cuando se le exigía un sí”.

El último instrumento de manipulación que quiero comentar es el abuso del principio de autoridad. Antaño la autoridad podía ser política, militar o religiosa, pero dado el descrédito de la política, la preterición de lo militar y el declive en las creencias religiosas, los yonquis del poder han decidido convertir a la Ciencia (con mayúscula) en el nuevo dios y a los científicos en los nuevos sumos sacerdotes, siervos útiles del poder. Lo dice “la Ciencia”, así que no discutan: obedezcan.

 Naturalmente, todo esto está inventado desde hace milenios y los estudiantes de siglos anteriores, más inteligentes que los de hoy (pues carecían de móviles), lo estudiaban en cualquier curso de lógica antes de cumplir los 16: es la falacia ad verecundiam, que defiende algo únicamente porque alguien considerado una autoridad lo ha afirmado, la falacia ad hominem, que en lugar de argumentar desacredita a la persona que defiende la postura contraria, y la falacia ad populum, que defiende que algo es verdad sólo porque así lo opina una mayoría o la “opinión pública”.

Finalmente, cuando la intimidación blanda falla, el poder aumentará la presión a través del silenciamiento del disidente mediante la censura o la persecución judicial, y llegados al extremo, utilizará su privilegio de la violencia física, por ejemplo, arrestando al individuo en cuestión, legal o ilegalmente.

Hemos recorrido así el camino por el que los yonquis del poder manipulan, engañan e intimidan al hombre para que no piense y le controlan a través del miedo.

Resulta irónico que esta destrucción de la razón se haya dado precisamente en nombre de la diosa Razón en sociedades que, habiendo abandonado la idea de Dios y el sentido de la trascendencia, se sentían por fin liberadas para alcanzar la iluminación a través de un cientificismo que prometía ser la cúspide de la civilización: el hombre, por fin, se había declarado dios, definidor del bien y del mal y dueño de la vida y la muerte.

“Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra; elegisteis el deshonor, y tendréis la guerra”, espetó un premonitorio Churchill tras el infame acuerdo de Chamberlain con Hitler. Utilizando una paráfrasis, podría decirse de las sociedades occidentales: “Os dieron a elegir falazmente entre fe y razón. Elegisteis perder la fe, y acabareis perdiendo la razón”. Como católico no puedo dejar de admirar la clarividencia de Juan Pablo II cuando defendía en Fides et Ratio que “fe y razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”.

El declive de la razón se ha acelerado en la última década. Ejemplo de ello serían la ideología de género o el ecologismo radical que, como en épocas primitivas, adora a la Madre Tierra, pero voy a centrarme en dos cuestiones: el relato oficial sobre el covid y su paralelismo con la religión climática, cuyo principal punto en común es el control a través del miedo. En ambos casos se nos ordena que no utilicemos la razón y confiemos ciegamente en la autoridad (“científica”, naturalmente). Desobedezcamos.

Terror y mentiras covid

El SAR-CoV-2 apareció a finales del 2019 en una ciudad china en la que existe un laboratorio parcialmente financiado por instituciones norteamericanas que estaba investigando o más bien modificando genéticamente ese patógeno en concreto.

Imaginen que se produce un vertido de cacao en un pueblo donde hay una fábrica de chocolate. Como comprenderán ustedes, la probabilidad de que, de todos los lugares de la Tierra, de decenas de miles de ciudades de 195 países de cinco continentes, la epidemia del coronavirus surgiera precisamente en una ciudad donde existía un laboratorio que trabajaba con ese coronavirus sin que el origen sea ese laboratorio es ínfima. Podía haber surgido en cualquier lugar, pero lo hizo precisamente en Wuhan. Fíjense qué puntería.

Luego la razón sugiere claramente que el origen del coronavirus fue una filtración accidental de dicho laboratorio. Digo accidental porque obviamente si el gobierno chino hubiera querido desatar una epidemia no lo habrían hecho en China sino en EEUU.

A pesar de ello, los medios enseguida se hicieron eco de la versión oficial chino-norteamericana respecto al origen supuestamente zoonótico de un pangolín que aún sigue en busca y captura. La irracional e improbable explicación de un salto accidental de animal a humano prevaleció sobre la racional y probable explicación de una negligencia en un laboratorio utilizando la falacia ad verecundiam (algo es verdad porque una autoridad lo dice), y a los que osaban discutir la versión oficial se les tildó de paranoicos de teorías de la conspiración (falacia ad hominem, criticando a la persona y no el argumento).

Tras esta cortina de humo, vino el control a través del miedo: el contubernio político-mediático-farmacéutico puso en marcha una campaña de terror sin precedentes para que la población aceptara alucinantes restricciones a su libertad y se inyectara unas “vacunas” y terapias genéticas en gran medida experimentales.

Este pánico artificialmente creado permitió escenarios propios de dictaduras, como abusos policiales, toques de queda y confinamientos, mientras aparecía la figura del colaboracionista, típica de regímenes totalitarios, que denunciaba patéticamente a sus vecinos.

La clave de la campaña de terror fue la ocultación de un dato esencial: desde mediados del 2020 se sabía que el covid sólo era una enfermedad peligrosa para una minoría de la población de riesgo, definida por edad y cuatro patologías concomitantes: obesidad, diabetes, hipertensión y cardiopatías. Para el resto el covid era una enfermedad estadísticamente leve, como pusieron de manifiesto numerosos estudios epidemiológicos realizados en muchos países[3], España incluida[4].

Medidas absurdas, despóticas y arbitrarias

Las medidas liberticidas e irracionales se sucedieron una tras otra. Los ilegales confinamientos fueron un completo desastre que arruinaron mental[5] y económicamente a decenas de miles de personas sin beneficio epidemiológico alguno, llegando a la barbarie de condenar a nuestros mayores a morir solos.

Tras negar la utilidad de las mascarillas nos las impusieron caprichosamente hasta en el campo y en la playa, algo tan ridículo que da vergüenza recordarlo. En interiores la obligatoriedad de las mascarillas también constituyó un rotundo fracaso (salvo para los comisionistas), pues no impidió que se sucedieran ola tras ola de contagios[6]. Lo que sí logró la maldita mascarilla fue crear una permanente sensación de peligro que convertía al otro en una potencial amenaza para la salud, contribuyendo a la hipocondría, a la discordia y al aislamiento.

El disparate llegó a obligar a familias que vivían juntas y viajaban en un mismo coche a sentarse separadas en un restaurante, ¿lo recuerdan?

Otro ejemplo de irracionalidad fue la negación de la inmunización natural de mano de quienes sin embargo glorificaban unas terapias genéticas experimentales incluso antes de ser desarrolladas, un acto de fe muy poco científico y una contradicción flagrante, pues casi siempre pasar una enfermedad infecciosa genera una respuesta inmunológica natural más potente y duradera que vacunarse contra ella[7].

Quizá la mayor irracionalidad fue la imposición del pasaporte covid[8]. Las vacunas y terapias genéticas covid nunca previnieron el contagio ni la transmisión de la enfermedad, pero el contubernio político-mediático-farmacéutico, con el único fin de promover torticeramente la vacunación y a sabiendas de la falsedad del argumento, hizo creer que los vacunados estaban protegidos y desató una caza de brujas contra los no vacunados, acusándoles falsamente de propiciar la continuación de la epidemia. Así se completaba la tríada necesaria: un miedo, un culpable, un salvador.

Aunque los vacunados continuaron contagiándose a mansalva y muriendo por covid[9], se siguió proponiendo nuevas dosis de unas inyecciones que no sólo no funcionaban, sino que causaban un nivel de efectos adversos sin precedentes[10].

Por último, a quienes denunciaban estas contradicciones basándose en datos se les tildaba de “negacionistas” (crítica ad hominem)y se censuraban sus escritos. Mientras, los colegios médicos amenazaban a los pocos facultativos valientes que osaban alzar su voz en defensa de la evidencia científica. “Limítense a obedecer”, era la consigna. Todo muy científico.

Terror y mentiras climáticas

El experimento totalitario del covid tiene muchos paralelismos con la manipulación climática. Es incluso probable que sus autores intelectuales sean los mismos (malos, pero poco creativos), pues no por casualidad el término denigratorio “negacionista”, elegido para etiquetar a quien no aceptaba comulgar con las ruedas de molino del covid, es el mismo término que se utiliza para criticar a quienes ponen en duda la teoría del calentamiento global antrópico.

¿Qué similitudes encontramos en ambas histerias colectivas? Al igual que con el covid, el fanatismo climático ha construido un Himalaya de falsedades con fines propagandísticos partiendo de algunas premisas reales, como el aumento de CO2 en la atmósfera y el ligero calentamiento global de 0,14°C por década desde 1979[11]. Los datos, sin embargo, desmontan sus eslóganes preferidos, de modo que la letanía catastrofista se ha convertido en una cansina reiteración de necedades: la población de osos polares está aumentando[12], el coral en la Gran Barrera australiana está en máximos de los últimos 35 años[13] y la superficie de bosques del planeta crece[14].

El hielo del Ártico, sujeto a enormes variaciones estacionales e influido por fenómenos poco comprendidos como las corrientes oceánicas, está revirtiendo su anterior tendencia y lleva varios años creciendo: 2021 marcó el segundo año con más hielo desde 2003[15]. Además, como flota y ocupa ya un volumen, su derretimiento no supondría un aumento del nivel del mar. Echen hielo a un vaso de agua, esperen a que se derrita y compruébenlo.

Dado que la Antártida contiene 1.250 veces más hielo que el Ártico, el hielo que debería preocuparnos es el antártico, pero la Antártida se ha enfriado ligeramente desde 1979, lo que quizá explique que esté estable o ganando hielo[16]. De hecho, en 2021 vivió los seis meses más fríos jamás registrados[17].

La tranquilizadora realidad es que el nivel de los océanos ha aumentado unos 120 metros desde la última glaciación y en el último siglo ha aumentado entre 1 y 3mm anuales[18], un ritmo despreciable y normal en una época interglaciar.

Asimismo, los huracanes están disminuyendo en número e intensidad al menos desde 1990[19], la superficie total quemada por incendios forestales a nivel global ha descendido un 25% en las últimas dos décadas[20] y “sigue sin haber evidencia a nivel global respecto al signo de la tendencia, magnitud y frecuencia de las inundaciones y de las sequías desde mediados del s. XX” (IPCC, AR5, WG I, capítulo 2.6, p. 214-217).

Cuando las generaciones venideras estudien las histerias colectivas del s. XXI se preguntarán cómo las sedicentes “élites” occidentales decidieron empobrecer a su población en nombre de una excéntrica teoría sustituyendo fuentes de energía baratas, eficientes y fiables por otras que son caras, ineficientes e intermitentes (alias “renovables”), que sólo funcionan en determinadas latitudes, cuando luce el sol o cuando sopla el viento. Alucinante.

El control a través del miedo

El contubernio político-mediático primero nos dice de qué debemos asustarnos. Luego busca un culpable: los no vacunados, los “irresponsables” jóvenes o los combustibles fósiles. Seguidamente, nos intimida mediante la presión de grupo y figuras de autoridad (los famosos “expertos”).

Se niega el debate, se censura cualquier información que no coincida con la mentira oficial y quienes osan mostrarse escépticos son tachados de “negacionistas”. Evidentemente, esto no es ciencia sino la antítesis de la ciencia, un dogma de obligada creencia que no está permitido discutir ni puede ser sometido al escrutinio de los datos.

Como es bien sabido, el método científico (o la inferencia de teorías a partir de hechos observados) tiene una parte inductiva, en la que de un número limitado de observaciones se intentan extraer leyes, reglas o principios generales que permiten hacer predicciones, y una parte deductiva en la que se aplica la teoría general y se observa si los datos reales validan la hipótesis.

Tanto con el covid como con el cambio climático el proceso de deducción ha fallado, por lo que si el proceso fuera científico dichas hipótesis habrían sido desechadas.

En el caso del covid, las intervenciones no farmacéuticas (confinamientos, mascarillas, etc.) no han funcionado: Suecia, que no hizo nada, ha tenido un exceso de mortalidad muy inferior a la mayoría de países que sí tomaron dichas medidas, España incluida[21], y en EEUU, estados que no tomaron medida coercitiva alguna (como Dakota del Sur) han tenido similar o menor mortalidad que otros estados que sí las adoptaron[22]. Por otro lado, las “vacunas” y terapias genéticas no sólo han resultado ineficaces para acabar con la epidemia, sino que han causado efectos secundarios adversos sin precedentes (no hay más que ver el “inexplicado” exceso de mortalidad[23]).

En el caso del cambio climático, los modelos de circulación general en cuyas proyecciones se basan las predicciones catastrofistas llevan 30 años fracasando en sus previsiones de un apocalipsis que nunca llega. Si se tratara de ciencia, un historial predictivo tan lamentable hace tiempo habría desautorizado la hipótesis de origen. En realidad, el hombre aún ignora en gran medida el porqué de las variaciones climáticas, de modo que “los modelos matemáticos simplifican una realidad tremendamente compleja, caótica, en aras a realizar proyecciones – a treinta, cincuenta, setenta años – que carecen de robustez[24]”.

Una realidad orwelliana

En su novela 1984, George Orwell describe una distopía totalitaria en la que un Estado todopoderoso y opresivo tiraniza a la población mediante una vigilancia masiva y una represión implacable.

Parte importante del sistema es el control del pensamiento mediante la perversión del lenguaje, de modo que el significado real de las palabras sea el opuesto al que le corresponde. Así, el Ministerio del Amor se ocupa de administrar los castigos y la tortura , el Ministerio de la Paz se encarga de lograr un estado de guerra perpetua (¿epidemia perpetua?), el Ministerio de la Abundancia está encargado de conseguir que la gente viva siempre al borde de la subsistencia mediante un duro racionamiento (¿de la electricidad?) y el Ministerio de la Verdad se dedica a engañar constantemente (¿a través de los medios?).

¿Estamos viviendo el comienzo de esta pesadilla distópica? A la superstición la llaman ciencia; a la censura, libertad; a la envidia y la codicia de los bienes ajenos, solidaridad; a la histeria, sensatez; a un totalitarismo creciente, democracia; a los que ofrecen datos, “negacionistas”, y a los que los niegan, “científicos”; a los que aplican razonamientos lógicos, “paranoicos de la conspiración”, pero los que repiten la consigna como papagayos, ciudadanos ejemplares.

Tanto la Cultura del Miedo como el declive de la razón, que difumina los contornos que separan la verdad de la mentira, son incompatibles con la libertad. Como nos advierte Hannah Arendt, filósofa judía alemana superviviente del nazismo, “el objeto ideal de la dominación totalitaria no eran el nazi o el comunista convencidos, sino las personas para quienes ya no existía la distinción entre el hecho y la ficción, entre lo verdadero y lo falso”.

Querido lector: yo quiero interpelarle directamente. Cuando llegue el nuevo totalitarismo encontrará dos grupos de personas. El primero, mayoritario, estará compuesto por personas aborregadas, supersticiosas, esclavizadas por el miedo y las adicciones y corrompidas por las promesas de los demagogos. Éstas recibirán a los nuevos tiranos entre vítores, pues los considerarán sus salvadores. El segundo grupo, minoritario, estará formado por los centinelas de la verdad y de la libertad, personas sobrias, libres, valientes y pensantes que le plantarán cara. Constituirán la última línea de defensa, y yo le pregunto: ¿a qué grupo se unirá usted?

El Escorial 3 de septiembre de 2022.