Los cristianos acabamos de iniciar la Cuaresma, un tiempo litúrgico muy especial, que nos lleva a la Pascua, un tiempo que como dice el Papa León XIV debe de ser de conversión y de poner a Dios en el centro de nuestra vida.
Vivimos tiempos muy difíciles en la España actual. Una época marcada por la crispación, el enfrentamiento político como en mucho tiempo habíamos conocido, malos ejemplos, como la corrupción moral ética y ejemplar, falta de respeto al semejante por tener opiniones diferentes, cancelación de todo aquello que no sintoniza con el poder establecido.
Ante todo ello, los cristianos debemos de intentar desde la búsqueda de la verdad, buscar la concordia, abstenernos como nos pide el Santo Padre en su Carta con motivo de la Cuaresma, de palabras hirientes que afecten y lastimen al prójimo y buscando siempre por todos los medios posibles ser “puentes” de entendimiento.
Por supuesto, qué en modo alguno, debemos de hacer dejación de todo aquello, que sea la búsqueda de la verdad, de la defensa de la vida y del bien común.
El mal existe y se manifiesta de diferentes formas y maneras, a veces, casi todas, camufladas como si fuera el bien, con un envoltorio falso lleno de mentiras, que acaba apartando al ser humano de su responsabilidad, anteponiéndose un egoísmo y un relativismo galopante, que acaba con todo lo que significa dignidad y justicia.
La desesperanza que vivimos nace, precisamente de apartarnos de Dios, de perder toda referencia del bien y de todo andamiaje que nos ayuda a caminar cada día.
