La mayoría de las grandes entidades bancarias españolas, que afortunadamente tienen buenos resultados económicos, están al mismo tiempo haciendo continuas reducciones de personal.
En algunos casos, las personas que abandonan las entidades bancarias, están en el mejor momento de su vida, con edades que rebasan por poco los cincuenta años, lo que realmente resulta incomprensible.
Las reducciones de personal, tienen después consecuencias negativas en la atención a los clientes, dado que en algunos casos, algunas sucursales quedan en «chasis», sin suficiente personal para una atención normal y en otros casos, se cierran sucursales, algunas importantes hasta hace poco.
Mientras todo esto ocurre, los altos cargos miembros de los Consejos de Administración, siguen teniendo grandes bonus y cumplen años sin miedo a que les jubilen anticipadamente, es decir, la supuesta penalización de la edad a ellos no les afecta; pueden tener setenta años y allí siguen en sus cargos, viviendo «a cuerpo de rey», sin que los accionistas en realidad, puedan hacer nada.
La falta de control por parte de los accionistas, de estas grandes entidades es ya vergonzosa, porque con la «nueva moda» de la celebración de las Juntas de Accionistas telemáticamente y no presencial, la capacidad al menos de desahogo, mostrando sus discrepancias y diferencias por parte de los pequeños accionistas, en la práctica casi ha desaparecido.
En definitiva los núcleos de altos cargos y Consejos de Administración de la gran banca, aunque cuenten con sólo un pequeña participación accionarial; en la práctica, actúan como si fueran dueños absolutos de la entidad en cuestión, el resto tiene que limitarse a ver y callar.
La legislación debiera de cambiarse para someter a un autentico control a estas entidades en sus decisiones y también en su gastos de «bonus» y otras prebendas como aviones privados y su supuesta utilización particular con cargo a la entidad en cuestión.
