EL PARTIDO POPULAR EUROPEO EN SU ENCRUCIJADA

El Partido Popular Europeo, se encuentra en una autentica encrucijada.

El nacimiento de formaciones conservadoras a su derecha, en diferentes países de Europa, está suponiendo una importante sangría de votos, que cada vez parece más importante, debido principalmente, al abandono de políticas razonables por parte de la Comisión Europea, la pérdida de sus ideas y el entreguismo a los socialdemócratas.

Úrsula Von der Leyen, esta siendo un “lastre” cada vez más difícil de soportar, dado que durante su mandato, los votantes tradicionales de los populares, han sido fuertemente perjudicados; sectores completos como el agrícola y ganadero, sector de la automoción, al que han dejado en estado comatoso, leyes absurdas, que los propios votantes del centro derecha rechazan con fuerza.

El más claro ejemplo, lo acabamos de ver en Alemania, donde, las traición del nuevo Canciller Merz, al pactar con los socialdemócratas, grandes derrotados, esta causando una crisis muy importante en su propia formación CDU, lo que se está ocultando en España curiosamente. 

Una catarata de dimisiones de cargos intermedios y responsables regionales se está produciendo, debido a lo que se considera una traición a las promesa electorales.

Se han producido renuncias en diferentes regiones, como Hesse, Sajonia, Hamburgo, el descontento se extiende entre las propias bases, que no se sienten representadas por las decisiones del nuevo Canciller.

Por otro lado, en sólo un mes, la intención de voto de la CDU, ha descendido dos puntos respecto a las elecciones celebradas hace un mes, situándose en el 28 por ciento, a sólo dos puntos de la AFD a su derecha que se sitúa en el 24 por ciento.

Se puede observar claramente, con estos datos, que el Partido Popular Europeo, se encuentra ante su propia realidad:  Representar sus antiguos valores, o convertirse como los Socialdemócratas en irrelevantes. 

Debiera  tomar nota el señor Feijoo y su Comité Ejecutivo, algo casi imposible estando allí sentado el señor González Pons. 

COMISIONES ILEGALES Y VENTA DE ARMAMENTO

Al final de las década de los años setenta, estalló a nivel mundial, uno de los escándalos de comisiones ilegales más importantes por cuantías y personas implicada en varios países.

El conocido escándalo Lockheed, nombre del fabricante de aviones norteamericanos, entre ellos el conocido caza Starfighter, que  implicó a diferentes personalidades de medio mundo: desde Ministros de Defensa de varios países a personalidades de la monarquía, como el Príncipe Bernardo, esposo de la Reina de Holanda , que tuvo que dimitir de todos sus cargos y se le apartó de todos sus privilegios y uniforme.

Países, como Japón, Italia, Alemania Occidental, Arabia Saudí, sufrieron ceses, dimisiones y encarcelamiento  de altos cargos, al haber cobrado sustanciosas comisiones de la fabricante de aviones, que también debido al escándalo acabó quebrando.

Viene este recuerdo, en un momento en que los dirigentes de esta Europa decrépita y absurda, quieren endeudarnos y gastar en defensa, porque ven peligros por todos los lados, menos en donde realmente está el peligro que es en China, Magreb y Oriente Medio.

En el tráfico de armamento, las comisiones son cuantiosas y viendo lo que ha sucedido en Europa con la compra de vacunas que han tenido que destruirse y la compra de mascarillas, es para echarse a temblar.

Las pruebas de la percepción de comisiones ilegales, no suelen ser fácil de sustanciar al principio, pero luego como hemos visto en algunos dirigentes políticos, que llegaron al poder con una “mano delante y otra atrás”, ahora, tienen patrimonios en medio mundo, y encima tenemos que escucharles dar sus consejos y no avergonzarse de ello.

Nos debieran dar su formula mágica, para tener tanto, en tan poco tiempo.

Aunque también puede ser, que los demás seamos muy torpes

UNOS DIRIGENTES EUROPEOS QUE PARECEN ENLOQUECIDOS

Con los problemas que tiene Europa en casi todos los ámbitos, cuando  las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia, para la paz en Ucrania avanzan, resulta que la UE, nos da instrucciones para que tengamos un kit de resistencia por tres día en casa.

Todo parece de broma, aunque no lo es. En realidad, es la muestra evidente de la “locura” de unos dirigentes que ven amenazados sus privilegios y que son incapaces de ofrecer  un futuro mejor a la sociedad, por lo que utilizan el miedo y la coacción.

Estamos, no sólo en manos de unos incompetentes, sino también en manos de un seres sin escrúpulos, que pretenden tener una sociedad controlada, bajo la apariencia de democracia.

Hay que empezar a pedir responsabilidades a los dos grandes partidos que sostienen en Europa este entramado, que cada vez parece más alejado de la realidad y que parece más distópico.

La UE, que tantas ilusiones levantó en su día para la inmensa mayoría de los españoles, se está convirtiendo en un ente que más parece representar valores lejanos, a los reales intereses de unos ciudadanos europeos que poco a poco ven como sus derechos son recortados y como el control democrático de la decisiones políticas ha casi desaparecido.

La UE o cambia su control democrático, o acabará muy pronto en una grave crisis política que lo lleve a su desaparición.

¿Qué futuro quieren para los jóvenes de Europa, unos dirigentes que hablan de guerra, en vez de buscar la paz?

Otra Europa es posible, una Europa realmente sometida a controles realmente democráticos por parte de los ciudadanos y no una farsa con la actual.

Después , de los miles de millones gastados sin control durante la pandemia de COVID, engañando a los ciudadanos y privándoles de derechos y libertades, estos individuos de Bruselas, sitiados por una opinión pública cada vez más critica, parecen tomar el camino de una especie de dictadura maquillada, donde el control ciudadano no tenga opción. En realidad, todo este proceso de no pararse, dará lugar a una desafección total con la propia idea de Europa, que un día tuvimos.

EL PELIGRO ESTÁ EN CHINA

El peligro para occidente, para nuestras libertades y para nuestra forma de vida, no viene de Rusia, sino de China.

El país asiático, una dictadura comunista, en la que se se persigue cruelmente a todo disidente, en la que cualquier ciudadano que muestre la más mínima oposición puede incluso desaparecer, un país, donde se persigue a la minorías como a la etnia Uigur, sometida de manera cruel, en contra de sus tradiciones, un país, donde los derechos humanos brillan por su ausencia y donde el control de los individuos es total.

Siguiendo su tradición particular, de acercarse siempre a los peores como Venezuela, Cuba, Irán, grupo de Puebla; el presidente Sánchez viajará el próximo mes a China.

Hay preocupación en los medios occidentales, por los intentos de China de entrometerse en nuestras libertades y socavar nuestros derechos a través de la compra de voluntades.

Tenemos al señor Rodríguez Zapatero, como gran mediador con China, lo que podemos pensar sin riesgo a equivocarnos que nada bueno puede traer, máxime teniendo en cuenta los antecedentes de este señor con Venezuela.

Sin duda, el peligro no esta en Rusia, está en China, aunque haya políticos muy dispuestos a negociar con dictaduras totalitarias, mientras que en España, nos hablen de “fachosfera”; tienen mucha cara. 

VERITAS FILIA TEMPORIS

Otro extraordinario artículo de D.Fernando del Pino-Calvo Sotelo, como hemos dicho muchas veces, uno de los sabios-pensadores de nuestro tiempo, una de las personas mejor informadas y a la vez más libres de nuestro país. Por su interés reproducimos este artículo sobre la pandemia de Covid, cinco años después. después   

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

18 de marzo de 2025

La verdad es hija del tiempo. Cinco años después del comienzo del covid, el relato oficial se desmorona. El abrumador peso de la evidencia científica y la publicación de informes oficiales revisionistas que desmontan el relato político-mediático hegemónico desde 2020 ha provocado que algunos medios españoles hayan entonado un meritorio, aunque insuficiente mea culpa. Uno de ellos reconoce que «lo que eran fake news de algunos de aquellos etiquetados como negacionistas ahora está alineado con los hechos probados», y propone que, en adelante, «deberíamos escuchar otras voces, aunque no concuerden con la narrativa del Estado, de los medios, de los verificadores de información (…) ni con nuestra más arraigada ideología» (elocuente, esto último, ¿no?) [1].

En otros países ha ocurrido algo similar. Recientemente, uno de los periodistas del New York Times titulaba así su artículo: “Nos engañaron de mala manera”[2]. Otro arrepentido del británico The Times reconocía que ya no cree «que los confinamientos salvaran una sola vida, y de hecho posiblemente causaron la muerte de muchas personas». Tras pedir que la próxima vez «conservemos nuestro espíritu crítico y no menospreciemos como parias a aquellos que discrepan del relato oficialmente aprobado», termina con una reflexión: «Debemos recordar que cuanto mayor sea el consenso, más dudas debemos tener sobre el mismo»[3]. Amén.

En realidad, eran los políticos, la UE, los medios de comunicación, los payasos fact-checkers y parte del estamento médico, es decir, el contubernio político-mediático-farmacéutico, los negacionistas que propagaban bulos sin cesar.

El origen del Covid: un escape de laboratorio

El primer bulo del establishment fue el supuesto origen zoonótico del covid con aquel inventado pangolín que aún sobrevive en el bosque escapando de sus perseguidores, como Rambo. El sentido común nos hacía preguntarnos hace ya dos años cuál era la probabilidad a priori de que, de todos los lugares habitados del planeta, el virus emergiera precisamente en una ciudad donde existían laboratorios que estaban trabajando precisamente con ese tipo de coronavirus.

Hoy ninguna fuente seria cuestiona que la pandemia fue con toda probabilidad causada por un escape de un laboratorio biológico en Wuhan que las autoridades chinas y los EEUU ocultaron con la ayuda de la corrupta OMS mientras China exportaba el virus al resto del mundo. El interés de EEUU era doble: los científicos y las instituciones norteamericanas que habían financiado la investigación del coronavirus en Wuhan querían borrar sus huellas, y el Deep State quería debilitar la posibilidad de reelección de Trump, que defendía la teoría del escape biológico.

La verdad ―que fue censurada― era conocida o al menos sospechada desde 2020, pero fue ocultada al gran público. Los servicios de inteligencia alemanes otorgaron desde un principio una probabilidad de hasta el 95% de que el virus proviniera del laboratorio chino, pero la excanciller Merkel decidió mantener el informe en secreto[4]. Del mismo modo, el exdirector del Mi6 presentó al gobierno británico un informe clasificado en el que declaraba que «no existe ninguna duda razonable de que el covid-19 ha sido diseñado en el Instituto de Virología de Wuhan», pero el establishment lo enterró[5].

Las controladísimas revistas médicas contribuyeron a tal ocultación, con una excepción. En 2021 el British Medical Journal publicó que «la supresión de la teoría de la fuga de laboratorio no se basa en ninguna evaluación clara de la ciencia», y que se había producido «a pesar de que no existen pruebas de la explicación alternativa, esto es, de la propagación natural de los animales a los seres humanos». El BMJ terminaba criticando que no se investigara el «verosímil» escape de laboratorio como origen del covid[6].

En 2022 el Senado norteamericano publicó un profuso informe científico llegando a las mismas conclusiones, que fueron corroboradas meses después por el director del FBI cuando reconoció que «muy probablemente» el origen del covid era artificial[7]. Finalmente, en noviembre de 2024 el Congreso de EEUU llegó a la misma conclusión con un relevante informe que cuestionó casi todas las medidas tomadas para combatir la pandemia[8].

A pesar de ello, algunos «expertos» continúan congelados en la versión oficial y asustan con la posibilidad de que recurra una epidemia de parecidas proporciones. Si ocurriera, sería la primera pandemia natural importante desde hace un siglo, pues el covid, repito, no fue una epidemia de origen natural, sino un accidente biológico causado por un escape de laboratorio. En otras palabras, el covid fue el Chernóbil de las armas biológicas.

¿Cuál es entonces la solución para que no se repita? No es, desde luego, empoderar a la OMS para crear una dictadura sanitaria, como pretende el globalismo, ni dar más poder a los gobiernos, ni más dinero a la corrupta industria farmacéutica, sino algo muy sencillo: prohibir la investigación de armas biológicas en todo el mundo y, en particular, la tecnología de ganancia de función que manipula genéticamente virus del mundo animal para aumentar su peligrosidad y que contagien a humanos, como hicieron con el covid[9].

Caraduras recalcitrantes

A pesar de todo, en España algunos de los responsables del mayor escándalo de salud pública de la Historia han aprovechado el quinto aniversario del comienzo de la pandemia para felicitarse a sí mismos con total desfachatez, lo cual denota la impunidad con la que han actuado (y delinquido): cinco años después, nadie ha sido despedido ni multado y nadie ha sido procesado (salvo los políticos comisionistas de las mascarillas). Naturalmente, nadie ha pisado la cárcel.

Este desfile conmemorativo de políticos caraduras y médicos pomposos que abusan de la autoridad de la bata blanca intenta blanquear un fraude de proporciones gigantescas. Como decía Peter C. Gøtzsche, profesor emérito de Medicina en Dinamarca y cofundador de Cochrane (en su día máxima referencia de evidencia médica), «el sector de la Sanidad es mucho más corrupto de lo que la gente piensa, y el dinero de la industria farmacéutica va a todas partes, a políticos, revistas médicas, periódicos, etc.»[10].

Ese etcétera es muy amplio, pues los viscosos tentáculos de las grandes empresas farmacéuticas alcanzan a miembros de Colegios Médicos en todo el mundo[11], a muchos médicos, directa o indirectamente[12], y a las agencias del medicamento, con sus puertas giratorias. Por ejemplo, Pfizer acaba de contratar a uno de los principales responsables de la FDA durante la pandemia[13].

El guion de la pandemia

La pandemia siguió un guion. En primer lugar, se aterrorizó a la población con la complicidad de los medios, que lanzaron una campaña de terror y culpabilización perfectamente diseñada para domesticar a la población. Para dicha campaña se contrató a agencias de publicidad especializadas[14] que lograron crear una verdadera histeria colectiva con el objeto de facilitar la aceptación de medidas arbitrarias, liberticidas, absurdas y completamente acientíficas. Los confinamientos, las distancias de seguridad, la limitación de comensales, el gel hidroalcohólico o las inútiles mascarillas no sirvieron para nada, salvo para beneficiar a unos pocos. Sí sirvieron, en cambio, para enfermar mentalmente a una parte de la ciudadanía.

Los ilegales y sádicos confinamientos fueron epidemiológicamente inútiles y perjudicaron nuestra salud mental y nuestro sistema inmunológico precisamente cuando más lo necesitábamos[15]. Por otro lado, las inútiles mascarillas[16], especialmente crueles con los niños en los colegios[17], no se impusieron para controlar el virus. Las mascarillas se impusieron para controlar a la población, y lo lograron.

Asimismo, para poder aprobar el uso de emergencia de las «vacunas», se torpedeó o silenció todo tratamiento prometedor cuya existencia habría impedido, por razones regulatorias, tan suculento negocio. Fue el caso, por ejemplo, de la vitamina D utilizada de forma preventiva[18] o en pacientes ya ingresados[19], la ivermectina[20], o la hidroxicloroquina, eficaz en tratamiento temprano[21], en combinación con azitromicina[22]. Aunque reducía la mortalidad del covid, fue retirada el mercado[23].

Finalmente, tras negar contra toda evidencia la superior inmunidad natural de quienes ya habían pasado la enfermedad[24], se puso en marcha un programa de vacunación indiscriminada con vacunas y terapias genéticas que no cumplían ninguno de los tres requisitos exigidos para una vacuna (necesidad, eficacia y seguridad), pero sí cumplían el único requisito que importaba: el beneficio.

El escándalo de las «vacunas»

Las vacunas y terapias genéticas ARNm eran innecesarias para la inmensa mayoría de la población para la que el covid era una enfermedad leve[25], dato que se conocía desde 2020 pero que los medios ocultaron pertinazmente. Para los niños el covid era más leve que la gripe[26], a pesar de lo cual se les incluyó escandalosamente en el programa de vacunación.

Las vacunas también fueron ineficaces, pues no evitaban ni la transmisión ni la muerte. Un estudio realizado en Japón (uno entre varios[27]) afirma incluso que las vacunas covid tuvieron eficacia negativa, es decir, que los vacunados se contagiaban más que los no vacunados[28]. Además, la probabilidad de contagiarse aumentaba con cada dosis adicional, como había concluido un macro estudio de la Cleveland Clinic[29].

Nos dijeron que las vacunas protegían contra el contagio y la transmisión para justificar la persecución y apartheid de los no vacunados y el infame pasaporte covid. Era mentira, y, cuando fue patente que no impedían ni el contagio ni la transmisión, recularon cambiando el relato y afirmando que al menos sí protegían contra la gravedad y la muerte. También era falso: en marzo de 2022 el 84% de los muertos por covid en España estaba perfectamente vacunado, según datos del propio Ministerio de Sanidad[30]. Un estudio reciente confirma que «los datos estadísticos muestran que la mortalidad de los vacunados fue un 14,5 % superior a la de los no vacunados», por lo que la idea de que las vacunas covid salvaron vidas «contradice los datos estadísticos»[31].

Las vacunas también fueron inseguras, pues seguimos pagando sus efectos secundarios adversos, sobre todo isquémicos y cardiovasculares[32]: ictus, trombosis y trombocitopenia, embolia pulmonar, miocarditis, pericarditis, fibrilación atrial; pero también desórdenes menstruales, efectos oculares, dermatológicos, autoinmunes y neurológicos, como trombosis del seno venoso cerebral, parálisis facial de Bell, mielitis transversa aguda o cáncer[33]. La escandalosa verdad es que con toda probabilidad las vacunas y terapias genéticas ARNm han provocado la muerte de muchas personas: autopsias realizadas sugieren una relación de causalidad[34].

Hoy, especialistas en Reino Unido[35] o autoridades sanitarias de algunos países[36] llaman a la suspensión de las vacunas ARNm contra el covid mientras el British Medical Journal exige investigar el exceso de mortalidad «sin precedentes» registrado en todo el mundo en 2021 y 2022 tras la difusión de dichas vacunas[37].

Los médicos nos fallaron

De forma imprudente y contra lo que defendía la evidencia científica, la inmensa mayoría de los médicos en España recomendaron a sus pacientes vacunarse aunque no pertenecieran a la población de riesgo o hubieran pasado la enfermedad. Eso sí, lo hicieron verbalmente, sin consentimiento informado, ni receta, ni firma.

La realidad es que, ante la enorme presión social y gremial y el mimetismo que plaga la profesión, muchos eligieron el camino cómodo escudándose en «los protocolos» del orwelliano Ministerio de Sanidad. ¿Cuántos han asumido alguna responsabilidad? ¿Y los Colegios Médicos, que persiguieron y amenazaron a los pocos médicos valientes que se negaron a aceptar el trágala?

Parece lógico, por tanto, que la credibilidad del gremio haya caído estrepitosamente: en EEUU la confianza en médicos y hospitales se ha derrumbado, pasando del 72% en 2020 al 40% en 2024[38]. También se ha producido una lógica disminución de la confianza de la población en las vacunas[39].

Un homenaje a los valientes

Tres cosas recuerdo con gran agradecimiento en este lustro de arduo combate contra la histeria colectiva y los negacionistas del contubernio político-mediático, que se negaban pertinazmente a ver lo que mostraban los datos estadísticos y la evidencia científica.

En primer lugar, la respuesta de mis amables lectores, que mantuvieron la cordura en medio de la locura colectiva demostrando una capacidad de resistencia, una firmeza y un valor poco comunes para defender su independencia de opinión y su salud física y mental (y la de los suyos).

En segundo lugar, el aliento de unos pocos médicos y expertos en inmunología que, en privado, me dieron un apoyo importantísimo para mí, fijándose en el mensaje y no en el mensajero, es decir, en la seriedad de mis fuentes y el rigor de mi análisis. Aunque la literatura médica sea uno de mis hobbies desde hace 20 años, pasaron por alto mi falta de credenciales, lo que tiene doble mérito (por tratarse de España y por tratarse de la profesión médica).

Pero, sobre todo, recuerdo con admiración el coraje de los pocos médicos que se opusieron públicamente a La Gran Mentira y pagaron un precio por ello. A fin de cuentas, yo sólo sufrí la censura de un artículo, lo que además resultó ser providencial. En efecto, mi decisión de no publicar más en un periódico que retiraba manu militari artículos maquetados sin explicación alguna me llevó a desarrollar este blog, en el que, para mi sorpresa, el artículo censurado tuvo cerca de 400.000 lecturas. Como dice el refrán, «dando gracias por agravios negocian los hombres sabios».

Esos médicos valientes, sin embargo, pagaron un elevado precio personal y profesional por defender la verdad y ser fieles a su juramento hipocrático: fueron injustamente estigmatizados, amenazados, perseguidos y condenados al ostracismo por los medios, por los opacos y siniestros Colegios de Médicos y por algunos de sus propios colegas. A ellos quiero rendir especial homenaje con este artículo.

Veritas filia temporis.

GRAVE INVOLUCIÓN POLÍTICA

En Europa, estamos viviendo una involución democrática, desconocida y de consecuencias muy graves para la convivencia.

Es cada vez más evidente, que si lo que votan libremente los electores de un país o una región no gusta a la élites dominantes, se hace todo lo posible e imposible, para estigmatizar lo votado y buscar todo tipo de maniobras que bordean la legalidad o incluso la superan, para que lo decidido en la urnas no se lleve a efecto.

En Alemania, acaba de ocurrir, en un pacto de vergonzoso, con los partidos derrotados y se está urdiendo todo tipo de maniobras para deslegitimar el voto libre de los electores, estigmatizando y exagerando.

Lo que está sucediendo, es de una gravedad, extrema, porque en realidad es el fin de la democracia y de la libertad.

En España, lo estamos viendo, con los poderosos intentos de la izquierda política y mediática, por impedir todo acuerdo del PP con Vox, cuando estamos viendo el gran escándanlo  del blanqueamiento de Bildu y la presencia de comunistas en el Gobierno.

La cuestión de fondo, está en meter miedo a la población y con este pretexto impedir los cambios de fondo que esta pidiendo la población: tales como una revisión de la políticas climáticas, un control de la inmigración y una menor intervención del estado  en la vida de los ciudadanos.

Los dirigentes de la UE, están muy preocupados, porque tienen miedo a que su “chiringuito” de poder y de control puede acabarse y tienen miedo atroz a que las sociedad europea en su conjunto diga de una vez ¡basta!.  

BARRIZAL MORAL Y ÉTICO

Vivimos una sociedad, sin compasión, egoísta, ególatra y que cada vez parece más obvio, se esta autodestruyendo, al perder todo el sentido del bien y del mal y adoptar conductas perniciosas tanto para las propias personas, como para la sociedad en su conjunto, totalmente “emborrachada” de mentiras y maldad.

Conocíamos este fin de semana a través de El Diario Montañés, que el pasado año se practicaron en Cantabria 915 abortos, de los cuales uno de cada tres correspondían a jóvenes de entre 15 y 25 años.

Esta forma de proceder, demuestra la pérdida de todo respeto a la vida, un desarraigo de todos los valores humanos dignos del tal nombre, además de su por supuesto una falta de soluciones por parte de unas administraciones públicas, que en vez de tomar decisiones para proteger la vida humana, en este caso de los más inocentes, se dedica a facilitar un acto tan abominable desde el punto  de vista humano e intelectual, como una aborto voluntario y caprichoso y no por causas extremas o de grave peligro para la salud de la madre.

Poco a poco, esta sociedad, se desliza en medio de un “barrizal”, moral, ético y por supuesto espiritual, que en términos generales demuestra que la actual civilización, más parece una civilización perdida y sin esperanza.

Más que nunca, necesitamos personas de bien, valientes capaces de decir a los cuatro vientos, que así no podemos seguir, que vamos hacía el desastre como sociedad.

Necesitamos hoy, tanta valentía como la de los mártires dispuestos a morir por su fe.   

CORRUPCIÓN Y PODREDUMBRE EN BRUSELAS

La corrupción y la podredumbre en el seno de la UE, parece ser ya una amenaza para el propio sistema democrático en Europa.

La justicia de Bélgica acaba de realizar una serie de 21 registros en domicilios de eurodiputados tanto en Bélgica, Portugal y en otros países, además de a varios “lobistas” de la compañía China Huawei, se han producido al parecer varias detenciones.

La Fiscalía belga, ha manifestado según recogen diferentes medios internacionales, que en la operación, han participado  un centenar de efectivos policiales, que venían investigado una presunta red de corrupción desde el año 2021.

El escándalo que afecta al parecer a Huawei, y según el Ministerio Público belga, la presunta prebendas pudieron tener diferentes maneras, tales como viajes, invitaciones, regalos desmesurados, con el objetivo de influir en la toma de decisiones  políticas.

Los investigadores, también sospechan, según algunas fuentes, que una forma de hacer estas supuestas ilegalidades, pudiera ser a través de que los “lobistas” asumieran los costes de la organización de conferencias y pagándolas a través de diferentes intermediarios, motivo por lo que se buscan posibles delitos de blanqueo de capitales.

Este caso, sucede después de que hace unos meses se conociera el llamado caso “Quatargate”, con implicación de varios eurodiputados del grupo de socialista y demócratas, por presuntamente recibir pagos de Marruecos y Qatar.

La influencia de terceros países, merced a la supuesta compra de voluntades, es algo que desde hace un tiempo se viene barajando en algunos ambientes, por la toma de decisiones absurdas y contrarias a los intereses europeos en marco político europeo.

Algunas investigaciones, solicitadas por grupos de la oposición en el Parlamento Europeo, sobre la compra de vacunas COVID y que pudieran sembrar dudas sobre la forma de actuar de la propia Comisión Europea y su presidenta, siempre han caído en el “saco roto” de la burocracia y de los impedimentos de los grupos mayoritarios.

La UE, sus decisiones, son cada vez más cuestionadas, por su falta de democracia interna y de claridad en posiciones incomprensibles en el momento actual.

Por otro lado, ayer la agencia de inteligencia alemana, parece tener pruebas plausibles de que la pandemia de Covid-19, se originó debido a una fuga en el laboratorio de Wuhan en China.

Está conclusión, es coincidente con la hipótesis barajada por la Comisión investigadora, creada al efecto en el Congreso de los Estados Unidos.

Si tanto la Administración de Biden, o como se cree otros dirigentes políticos, como se dice en Alemania, fueran conocedores de esta información estaríamos ante uno de los escándalos más graves de los últimos cincuenta años, consecuencias  impredecibles.

Se puede intentar convencer de que Rusia, es nuestro enemigo, cuando el verdadero enemigo es China, su dictadura y su forma corrupta  de comprar voluntades en medio mundo.

En España, puede que a estar horas, algunos,” lobistas”  pueden estar preocupados, por su magnifica y por cierto, controvertida relación con los intereses de China.

LA UE NO NACIÓ PARA ESTO

La UE, se está convirtiendo en un problema, para una gran parte de la sociedad europea.

El europeísmo, que estaba en máximos históricos de popularidad, se está quedando en nada, merced a las políticas incomprensibles implementadas desde Bruselas y que en vez de facilitar la vida de los ciudadanos europeos, día a día se la  complica, hasta límites de lo absurdo. 

En la actualidad, con sus increíbles  normas climáticas, han dejado  al potente sector del automóvil, en una gravísima crisis que de no solucionarse de manera inmediata, llevará al paro a miles de trabajadores en el viejo continente.

Por otro lado, el sector agrícola y ganadero, esta siendo sometido a normas que en algunos casos son imposibles de cumplir y en otros, a una pérdida de competitividad frente a productos de tercero países, que entran en Europa sin el control necesario de calidad y exigencias que se reclama para los productos propios.

La UE, está descuartizando el sector naval, permitiendo de manera alegre la construcción por parte de navieras europeas de buques en China, en detrimento de nuestros astilleros.

Para colmo de males, estos señores de Bruselas, inmiscuyéndose en poderes que nadie les ha dado, se han convertido en belicistas, y quieren crear el pánico en los ciudadanos  para justificar nuevos endeudamientos y fabricar armamento para defendernos de un supuesto peligro.

La UE, no ha nacido para esto y los ciudadanos, debemos de parar esta forma de actuar antidemocrática e incomprensible de unos políticos sin control alguno.

Está no es la Europa que queremos. 

UCRANIA: DE LA PROPAGANDA AL DELIRIO

Una vez más, uno de los pocos sabios, que quedan en este país, no sólo por sus conocimientos y formación ética sino por su extraordinaria formación como es D. FERNANDO DEL PINO-CALVO SOTELO, nos da datos y razones, de una realidad  muy distinta a la que la clase política y los medios de comunicación, nos quieren hacer ver sobre la guerra en Ucrania .

Por su interés reproducimos el siguiente trabajo…. 

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

6 de marzo de 2025

La Edad de Oro de la propaganda que estamos viviendo facilita la creación y propagación de histerias colectivas —como lo fue la pandemia—. ¿Estamos ante una de ellas con la guerra de Ucrania?

El primer indicio de una histeria colectiva es una antinatural unanimidad de opiniones consecuencia de un previo bombardeo mediático destinado a ablandar los sesos y encender los ánimos. Todo el mundo piensa igual, lo que suele indicar que nadie está pensando en absoluto.

El segundo indicio es un maniqueísmo simplista que presenta todo como una lucha entre buenos (nosotros) y malos (ellos). Irónicamente, los yonquis del poder, campeones del relativismo, no dudan en apelar al bien y al mal ―conceptos en los que no creen― con tal de que les sirva a sus propósitos.

El tercer indicio es una población manipulada presa de pasiones desbocadas (miedo e ira) que extinguen cualquier intento de apelar a la razón, a la serenidad o al diálogo. El pensamiento único se convierte en dogma y la heterodoxia no se tolera, lo que da lugar a sobrerreacciones emocionales ante cualquier opinión contraria. Las críticas argumentativas son sustituidas por críticas ad hominem (negacionista, quintacolumnista, etc.) y se justifica la falta de respeto o incluso la violencia —no necesariamente física— para acallar al disidente.

La histeria colectiva transforma al individuo racional en individuo-masa. El individuo racional piensa y pondera argumentos y se une a otros como decisión individual, por convencimiento. El individuo-masa, por el contrario, se mueve por impulsos y emociones primitivas y se funde con la masa en grupo, por simple contagio. El individuo racional muy raras veces es capaz de linchar a nadie; el individuo-masa es capaz de linchar al disidente entre gritos de júbilo.

La «conversación» en el Despacho Oval

Último acto. Escena primera. «No está usted en muy buena posición. No está ganando esta guerra. Está jugando con la vida de millones de personas. Está jugando con la Tercera Guerra Mundial».

Es difícil encontrar una sola mentira en esta frase que Trump le espetó al presidente ucraniano en el penoso espectáculo que protagonizaron en el Despacho Oval. En efecto, Zelensky lleva tres años intentando arrastrarnos a una Tercera Guerra Mundial, como cuando mintió al culpar a Rusia de disparar un misil cuyos restos cayeron sobre Polonia (territorio OTAN) matando a dos personas. El misil había sido disparado por los propios ucranianos[1].

Sin embargo, la reacción mediática a lo ocurrido en la Casa Blanca ha consistido fundamentalmente en echar espumarajos por la boca, actitud que no es muy útil para analizar la realidad. Así, el odio un poco enfermizo que nuestra clase periodística siente por Trump (y ahora también por Vance, tras su discurso en Múnich) le llevó a repetir la consigna oficial que tildaba el incidente de «encerrona»:

 

 

 

Sin embargo, dado que el encuentro fue televisado de principio a fin, sabemos que los hechos (y la lógica) no sustentan tal relato. A pesar de la actitud hosca y en ocasiones provocadora del ucraniano, los primeros cuarenta minutos de conversación en el Despacho Oval transcurrieron sin incidentes, y estaba programado un almuerzo privado entre los dos presidentes y la firma del acuerdo comercial en el ceremonial East Room, la sala más amplia de la Casa Blanca.

El desastre diplomático, por tanto, fue un error de Zelensky, que ha perdido el sentido de la realidad y perdió también los papeles: chulesco e impertinente, se dirigió con innecesaria hostilidad a Vance tras contestar éste a un periodista polaco que había que dar una oportunidad «a la diplomacia». Vance no se había dirigido a él, pero el desubicado presidente ucraniano se encaró con el vicepresidente, le tuteó con desdén («JD») mientras éste le trataba educadamente de «Sr. presidente», y luego entró en barrena con Trump, su anfitrión y financiador.

¿Qué le pasa a Europa?

Sin embargo, el incidente no pasa de ser una anécdota. Más relevante es el nerviosismo del contubernio político-periodístico europeo. La impostada «cumbre» en Reino Unido nos hace preguntarnos por qué Europa no ha tenido ni una sola iniciativa de paz en tres años de guerra, y escenifica lo que resumió acertadamente Orbán hace unas semanas: el mundo ha cambiado y la única que no se ha enterado aún es Europa. Se aproxima un baño de realidad.

¿No es extraño que una iniciativa de paz para Ucrania haya sido recibida en Europa con recelo e indignación? Sin duda, el carácter perdonavidas de Trump no le gana adeptos, pero Obama y Biden eran también enormemente arrogantes. ¿Por qué surge entonces este visceral rechazo? ¿Acaso no es preferible la paz a la guerra? ¿No vale más un mal arreglo que un buen pleito? ¿O es que vamos a gritar ¡victoria o muerte!, como hacen los periodistas y políticos europeos con la ligereza de quien ni va al frente ni envía a sus hijos a morir?

«Es mejor y más seguro una paz cierta que una victoria esperada», escribía Tito Livio hace 2.000 años. Pero es que Ucrania no tiene esperanza alguna de victoria: la alternativa a la paz es una mayor pérdida de territorio y de vidas humanas y el potencial retorno a la no-existencia que ha sido la norma de este país a lo largo de su breve historia.

Quizá Europa se haya creído su propia propaganda, aunque sus dirigentes digan una cosa en público y otra muy distinta en privado; o quizá le moleste su creciente irrelevancia, pues, como he defendido desde un principio, los dos actores principales de este conflicto siempre fueron Rusia y EEUU, mientras que Ucrania y la UE eran sólo actores secundarios o meras comparsas.

En cualquier caso, algo nos pasa. Trump es mucho más popular en su país que en Europa. A Zelensky le pasa al revés: es mucho más popular en Europa que en su propio país. Por lo tanto, o los ciudadanos de esos países no se enteran de nada o somos los europeos los que no nos enteramos. ¿No estaremos de nuevo cegados por una histeria colectiva que impide un análisis racional de los hechos?

La excesiva canonización de Zelensky

En el resto del mundo Zelensky carece de la aureola que le rodea en Europa. Estéticamente, el presidente ucraniano fue siempre una cuidada construcción publicitaria ―uniforme verde/negro, corte de pelo militar y barba de tres días―, pero ya es algo más: un líder mesiánico y bunkerizado que «se engaña a sí mismo», como reconoció uno de sus colaboradores a la revista Time hace un tiempo. «No nos quedan opciones, no estamos ganando, pero intente usted decírselo», se lamentaba el frustrado ayudante del presidente ucraniano[2].

Decía Kissinger que el poder es el afrodisíaco supremo. Deslumbrado por los focos, Zelensky nunca comprendió que estaba siendo utilizado por el Deep State de Biden ni parece haber comprendido que en EEUU se ha producido un cambio de régimen: el Deep State que lo aupó perdió las elecciones frente a Trump (como pronostiqué que ocurriría), y Trump quiere la paz.

Por lo tanto, por mucho que simpaticemos con la heroica resistencia del pueblo ucraniano, resulta difícil comprender la canonización de un yonqui del poder (otro más, como los de Moscú, Washington o Bruselas) que ha arrastrado a su país a la destrucción con una guerra perdida de antemano contra un adversario implacable que no podía perder.

Los medios también ocultan que el presidente ucraniano es un líder autoritario. En efecto, «con la excusa de la guerra» (en acertada expresión de la revista Newsweek) ha practicado una clara política represiva, cerrando medios de comunicación hostiles y encerrando, persiguiendo judicialmente o sacando del país a sus opositores[3]. Hace un año destituyó (¡en mitad de una guerra!) al competente general Zaluhzny enviándole de embajador a Londres porque en las encuestas Zaluzhny obtenía un 41% de apoyo popular frente al magro 24% que obtenía él[4]. Como apunta Newsweek, resulta muy dudoso que la Ucrania de Zelensky pueda hoy considerarse una democracia[5].

Una paz poco deseada

¿Desea el presidente ucraniano la paz? En 2022 aprobó un decreto prohibiendo las negociaciones con Putin, es decir, convirtiendo en delito buscar la paz[6]. ¿No es un poco extraño? No podemos obviar que Zelensky tiene un incentivo perverso para mantener su belicismo: mientras dure la guerra y la ley marcial, no tiene que convocar elecciones, puede seguir con sus giras de vanidad internacionales y controla los dineros de uno de los países más corruptos del mundo, pero cuando haya paz y se convoquen elecciones, las perderá, y el negocio se acabó.

Existe, por tanto, un potencial conflicto de interés entre el presidente de Ucrania y sus ciudadanos, pues el primero no tiene prisa por alcanzar la paz, pero los ucranianos sí, a pesar de los odios generados durante esta cruenta guerra. Contrariamente a lo que insinuó Zelensky en la Casa Blanca, el 52% quiere negociar el final del conflicto y está dispuesto a hacer concesiones territoriales para lograrlo. Sólo un 38% quiere continuar luchando, porcentaje que baja cada mes que pasa[7].

Resulta curioso que el otro día el presidente ucraniano basara su negativa a negociar la paz en que Putin supuestamente no respeta los acuerdos que firma. Trump se lo rebatió, basándose en su experiencia con el autócrata ruso en su primer mandato. Bill Clinton estaba de acuerdo con Trump: preguntado en 2013 si se podía confiar en Putin, Clinton respondía: «Cumplió su palabra en todos los acuerdos a los que llegamos»[8].

Las ventajas del análisis racional

Como he tenido ocasión de argumentar en muchos artículos, la propaganda occidental, transmitida al pie de la letra por el contubernio político-periodístico europeo, ha construido un relato falaz sobre las causas últimas y el desarrollo de la guerra. Según dicho relato, nos encontraríamos ante una lucha entre buenos y malos, entre ideales de democracia y tiranía, y la invasión rusa habría salido de la nada («agresión no provocada», es el mantra) como preludio de una nueva invasión de Europa, a pesar de que desde 1991 las fronteras de Rusia no se han movido un ápice (no así las de la OTAN).

Todo esto son paparruchas, pero en España han encontrado especial eco debido a nuestra nobleza, que admira la valentía y defiende al débil frente al fuerte. Así, una guerra en un país que muy pocos españoles sabían situar en un mapa hace tres años ha levantado una quijotesca reacción antirrusa muy distanciada de lo que un análisis más sosegado de los datos invitaría a tener y, desde luego, muy lejos de lo que conviene a nuestros intereses nacionales.

El camino es otro. Para lograr una comprensión de la realidad y una cierta capacidad de previsión de los acontecimientos debemos sustituir esta volcánica erupción emocional por un análisis racional y lógico. Condición necesaria, desde luego, es llevar una dieta estricta de prensa: leer poco y no creerse nada.

Así, para el afortunado no-lector de prensa, los datos y la lógica permitían desde un principio comprender que no estábamos ante un conflicto entre Rusia (Goliat) y Ucrania (David), sino ante un conflicto indirecto entre EEUU y Rusia provocado por EEUU, en el que Ucrania ponía los muertos y Europa el suicidio económico (y geopolítico). Mientras los medios hacían creer que Ucrania iba ganando la guerra, este blog informaba de la realidad, esto es, que para Ucrania la guerra estaba inevitablemente perdida desde un principio, y criticaba la futilidad del envío de armas y carros de combate occidentales, que, lejos de ser armas milagrosas, sólo lograrían posponer lo inevitable.

Aunque la habitual niebla informativa dificulte conocer con precisión las bajas de los contendientes, el orden de magnitud de las bajas ucranianas se situaría hoy entre 750.000 y 900.000 hombres frente a un mínimo de 150.000 bajas rusas. Estos datos deben tomarse con cautela, pero la proporción es inversa a la que predican los medios. Como indicador indirecto, en los intercambios de cadáveres los rusos están entregando entre 5 y 10 veces más cuerpos de soldados ucranianos muertos que los cuerpos de rusos entregados por aquéllos.

Un análisis ecuánime de la realidad, por ejemplo, nos permitió comprender que uno de los objetivos de EEUU en este conflicto era descarrilar el proyecto del gaseoducto Nord Stream 2, como defendió este blog cinco meses antes de que los norteamericanos (solos o en compañía de otros) presuntamente lo sabotearan, y prever el colosal fracaso de la contraofensiva ucraniana de verano de 2023, jaleada por unos medios que cantaron victoria prematuramente mientras empujaban a los ucranianos a la muerte.

En conclusión, un análisis sereno y emocionalmente distanciado de los hechos permite comprender la realidad, prever acontecimientos y desechar sinsentidos, como la extrema debilidad del ejército ruso (incompatible con su intención de conquistar Europa), el cáncer, Párkinson y desequilibrio mental por aislamiento covid de Putin, o la posibilidad de que Rusia usara armas químicas o nucleares, relatos que se ponen en circulación para ser retirados y olvidados en cuanto pierden su utilidad.

Los antecedentes

La propaganda se apoya frecuentemente en la falta de memoria de la población, por lo que conviene recordar algunos antecedentes del conflicto. Como decía Eurípides, «sencillo es el relato de la verdad, y no requiere de rebuscados comentarios».

La guerra en Ucrania no nació por generación espontánea, sino que ha sido el culmen de una constante política de provocación por parte de EEUU. Al terminar la Guerra Fría, EEUU prometió a Rusia que la OTAN no se expandiría «ni una pulgada» hacia su frontera[9], pero la OTAN incumplió su promesa: aprovechando la debilidad rusa, se fue ampliando hacia el Este, un «error fatídico», en palabras de George Kennan[10].

Para entonces la OTAN había abandonado su carácter meramente defensivo, como ha quedado patente en su agresiva participación en un conflicto de un país no miembro. De hecho, en 1999 había atacado Serbia, país aliado de Rusia, cuya capital bombardeó durante 78 días sin mandato de la ONU.

En 2007, Putin denunció la expansión de la OTAN en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Una vez más, la respuesta norteamericana fue ignorar y provocar a Rusia: en su cumbre de Bucarest del siguiente año (2008), la OTAN aprobó el proceso de anexión de Albania y Croacia y acordó la futura incorporación de Georgia y Ucrania[11].

Respecto de Ucrania, EEUU sabía por su embajador en Rusia (más tarde director de la CIA) que su incorporación a la OTAN era «la más roja de las líneas rojas» no sólo para Putin, sino para toda la clase dirigente rusa: «Durante más de  dos años de conversaciones con las principales figuras políticas rusas, desde los mayores defensores de una línea dura en el Kremlin hasta los más acerbos críticos de Putin, no he encontrado a nadie que no considerara la pertenencia de Ucrania a la OTAN como un desafío directo a los intereses de Rusia»[12].

En 2014, EEUU instigó un golpe de Estado en Ucrania[13] que desalojó del poder a su entonces presidente, democráticamente elegido, que abogaba por una neutralidad amigable con Rusia[14]. Ante esta política de hechos consumados, Rusia reaccionó por la vía de los hechos y se anexionó Crimea, que había pertenecido a Rusia desde finales del s. XVIII hasta 1954 (cuando Kruschev la regaló a Ucrania dentro de la propia URSS) y cuya importancia radica en que acoge desde hace 240 años la única base naval rusa de mares cálidos (Sebastopol). Lo hizo sin disparar un solo tiro, pues la población de la península de Crimea era claramente rusófila, como manifestó el posterior referéndum de adhesión a Rusia (a priori sospechoso, pero corroborado por encuestas occidentales)[15].

Tras los turbios acontecimientos del 2014, Rusia y Ucrania firmaron los Acuerdos de Minsk, que pronto serían papel mojado. El tradicional victimismo ruso fue vindicado por el posterior reconocimiento por parte de la excanciller alemana Merkel de que los Acuerdos habían sido meras maniobras dilatorias de Occidente para dar tiempo a Ucrania a rearmarse para un futuro conflicto con Rusia[16].

A partir de 2014 la OTAN comenzó a armar y entrenar al ejército ucraniano en mitad de una guerra civil en el Donbas. Por lo tanto, la guerra en Ucrania no comenzó en 2022 sino en 2014, como reconoció el secretario general de la OTAN[17].

En junio de 2021, la OTAN declaró que «reiteraba la decisión tomada en 2008 de que Ucrania se convertirá en miembro de la Alianza»[18].

En diciembre de 2021 Rusia presentó a la OTAN una propuesta de acuerdo de seguridad mutua que incluía la no incorporación de Ucrania a la organización, junto con otras propuestas más maximalistas[19]. La propuesta-ultimátum fue rechazada con desdén por los EEUU de la Administración Deep State-Biden.

La invasión

Finalmente, en febrero de 2022 Rusia invadía Ucrania con un contingente de tropas relativamente escaso que a todas luces no estaba destinado a la conquista del país ni a un largo conflicto, sino a lograr una rápida capitulación: «el arte supremo de la guerra es someter al enemigo sin luchar» (Sun Tzu).

Durante unas semanas pareció que eso era precisamente lo que iba a ocurrir. Sin embargo, las negociaciones celebradas en Turquía en marzo del 2022 tras sólo un mes de hostilidades (que apuntaban a un acuerdo inminente) fueron torpedeadas por EEUU e Inglaterra, que levantaron a Ucrania de la mesa. Así lo aseguró el ex primer ministro de Israel[20]y lo corroboró, como testigo de primera mano, el ministro de Asuntos Exteriores turco: «Tras la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN, la impresión es que (…) hay quienes, dentro de los Estados miembros de la OTAN, quieren que la guerra continúe: dejemos que la guerra continúe y que Rusia se debilite, dicen. No les importa mucho la situación en Ucrania»[21].

Como escribí en junio de 2023, «hasta entonces el conflicto apenas había causado muertos, pero, para algunos, debilitar a Rusia bien valía sacrificar un país pobre y lejano del que nadie se acordaría cuando todo hubiera acabado, aunque fuera a costa de acabar con la vida de centenares de miles de personas».

Occidente provocó la guerra y debe propiciar la paz

Aunque la lectura de estos acontecimientos admita matices y Rusia diste mucho de ser una víctima angelical, esta sucesión de hechos tiene un hilo conductor: el belicismo y arrogancia del Deep State norteamericano y, en segundo plano, la obsesiva rusofobia inglesa.

Pero lo que resulta indiscutible es que, como han denunciado muchos expertos[22], esta guerra ha sido «evitable, predecible e intencionadamente provocada» por Occidente, en palabras del último embajador de EEUU en la URSS[23], y deliberadamente alargada. El pueblo ucraniano siempre fue un daño colateral aceptable para el Deep State norteamericano, pues en el gran tablero de ajedrez en el que juegan los yonquis del poder la vida humana es tan prescindible como un peón adelantado. Pero el Deep State perdió las elecciones frente a Trump, y éste está tratando de detener una matanza inútil.

De hecho, los ucranianos pronto serán olvidados por los mismos medios de comunicación que los empujaron al desastre, y dentro de un año, quizá dos, ni un solo medio occidental volverá a hablar de ellos. ¿Qué les quedará cuando los focos se apaguen? Nada, salvo el recuerdo de los muertos.