Vivimos una sociedad, sin compasión, egoísta, ególatra y que cada vez parece más obvio, se esta autodestruyendo, al perder todo el sentido del bien y del mal y adoptar conductas perniciosas tanto para las propias personas, como para la sociedad en su conjunto, totalmente “emborrachada” de mentiras y maldad.
Conocíamos este fin de semana a través de El Diario Montañés, que el pasado año se practicaron en Cantabria 915 abortos, de los cuales uno de cada tres correspondían a jóvenes de entre 15 y 25 años.
Esta forma de proceder, demuestra la pérdida de todo respeto a la vida, un desarraigo de todos los valores humanos dignos del tal nombre, además de su por supuesto una falta de soluciones por parte de unas administraciones públicas, que en vez de tomar decisiones para proteger la vida humana, en este caso de los más inocentes, se dedica a facilitar un acto tan abominable desde el punto de vista humano e intelectual, como una aborto voluntario y caprichoso y no por causas extremas o de grave peligro para la salud de la madre.
Poco a poco, esta sociedad, se desliza en medio de un “barrizal”, moral, ético y por supuesto espiritual, que en términos generales demuestra que la actual civilización, más parece una civilización perdida y sin esperanza.
Más que nunca, necesitamos personas de bien, valientes capaces de decir a los cuatro vientos, que así no podemos seguir, que vamos hacía el desastre como sociedad.
Necesitamos hoy, tanta valentía como la de los mártires dispuestos a morir por su fe.