La gigantesca deuda pública generada principalmente en la última década, por diferentes países europeos, amenaza muy seriamente la economía del viejo continente y puede ser una especie de «bomba de relojería financiera», con consecuencias imprevisibles.
Este es el caso de Francia, donde el Primer Ministro, Francois Bairou, se enfrenta el próximo diez de septiembre a una durísima prueba en el Parlamento: conseguir que se aprueben una serie de fuertes recortes, que hagan posible el sostenimiento del sistema económico y la propia independencia financiera.
Los recortes, alcanzan los 44.000 millones de euros, y la supresión de dos día festivos.
Francia, como España y ahora Alemania, han estado viviendo en los últimos años de la deuda pública, por ello las medidas son inevitables para seguir teniendo el crédito de los mercados.
Otro país en mucha mejor situación financiera, pero con anuncios muy serios de restricciones en su presupuesto es Alemania, donde el Primer Ministro, Friedrich Merz, ha dicho que en los últimos años su país ha estado viviendo por encima de sus posibilidades y adelanta un fuerte plan de recortes.
¿Y España?. Nuestro país, con un deuda galopante e incontrolada, mira hacía otro lado de forma irresponsable o pensando que las medidas desagradables, las tenga que hacer otro Gobierno.
En realidad, estamos en misma historia de siempre, del llamado falsamente progresismo: Se gasta sin control y luego los mismos que han sido responsables del gasto, salen a la calle a manifestarse contra los recortes que otros se ven obligados a implementar.