Una sociedad indiferente, podrida, parece que sin sangre en la venas, ni el corazón en su sitio, ha asistido en su mayoría impertérrita a la eutanasia que ha quitado la vida a Noelia Castillo.
Que una sociedad que se dice tan moderna y con tanto avances, no tenga recursos suficientes para tratar y curar médicamente durante el tiempo que fuera necesario a una joven, que padecía un profundo trastorno psicológico o psiquiátrico fruto de una agresión grupal en un centro donde muy posiblemente no fue atendida, ni protegida suficientemente, para poder recuperar sus ganas de vivir de luchar, de seguir hacía adelante.
La sociedad, que vivimos es en gran parte responsable de las leyes que tenemos, de los políticos que tenemos, que permiten la existencia de protocolos que hacen que una joven en la flor de la vida pueda elegir suicidarse, no tenga fuerzas para seguir y haya leyes que lo permitan.
El derecho a la vida, está consagrado en nuestra Constitución, pero para nuestros dirigentes lo escrito no sirve, sólo sirve su interpretación.
Que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, permitiera tal acto de permitir una eutanasia de la joven, nos debe de alentar de la catadura moral de los que fallaron tal cuestión y no impidieron, lo que más parece un asesinato asistido.
Está Europa de personajes sin corazón, que ha abandonado sus principios fundacionales, merece desaparecer y refundarse de nuevo; algo que sirva al bien y no a engordar los bolsillos de políticos y funcionarios de un ente cada vez más distante de las personas.
Todos los que miran hacía otro lado y tienen responsabilidades, ante este drama, son unos cobardes e indignos de tener ninguna representación social.
Que Dios se apiade de ellos.
