Ya tenemos la próxima semana, un nuevo viaje de Sánchez a China.
Un presidente del Gobierno acorralado políticamente, se entrega a China en un disparate estratégico de consecuencias imprevisibles a medio plazo para nuestras relaciones con los demás países de Europa, y sobre todo con Estados Unidos, y lo que es mucho peor, un riesgo para nuestras libertades y derechos como ciudadanos libres.
No es de extrañar que en la situación actual de entreguismo de Sánchez al gobierno comunista de China, una dictadura que persigue con torturas y desapariciones a cualquier disidente, los países occidentales, tengan sumo cuidado, de lo que se pueda hablar en presencia de representantes políticos españoles.
Un Gobierno como el español, amigo de toda la izquierda más retrograda, amigo de grupos como Bildu, con una posición internacional cada vez más distante de occidente, es lógico que despierte en los que han sido nuestro aliados, todo tipo de reservas e incluso profunda preocupación.
China, por mucho que pretenda Sánchez, nunca será un aliado fiel de nuestra democracia, sino que utilizará su poder y presencia entre nosotros para extender un poder dominador y totalitario.
Es curioso, como se quiere blanquear, un régimen totalitario y dictatorial como el de China.
Mientras, la oposición, sigue sin enterarse de esta gran amenaza.
