Al mismo tiempo, que miles de agricultores y ganaderos se manifestaban en diferentes ciudades de Europa, entre ellas como hemos visto en Santander, contra las políticas de la UE, respecto a la agricultura y la ganadería del viejo continente, en Bruselas, se producía una votación de los embajadores de los países miembros en la que se aprobaba el acuerdo previo con Mercosur, aunque tenga que ser ratificado por el Parlamente Europeo.
Los representantes de Francia y Hungría votaron en contra, pero finalmente Italia, voto a favor, a pesar de haberse mostrado en anteriores ocasiones contrarios.
La UE que tantas esperanzas, generó en su día, se está convirtiendo en un elemento distorsionador de sectores completos de nuestra economía y principalmente del sector agrícola y ganadero.
Competir con países como los que componen Mercosur, con costes muy bajos, con una utilización de plaguicidas y otros tratamientos que en la UE no se utilizan, es una forma de destrozar un sector completo, quedando el sistema alimenticio de Europa en manos de terceros países, como de hecho está sucediendo con Marruecos.
La UE ya no es la solución de casi nada, sino el problema, para sectores completos como también ocurre con el sector del automóvil, siderúrgico y naval.
Una UE, sin un control por parte de los ciudadanos, en manos de partidos políticos, cada vez menos democráticos y que no defienden los intereses de sus pueblos, es con sus normas abrumadoras y a veces absurdas una especie de de «caballo de Troya» en la realidad social y económica de la vieja Europa, que acabará muy pronto rompiendo sus costuras y ya en grave riesgo de ruptura, al tiempo.
Sólo una reacción democrática fuerte de la ciudadanía cuestionando a los partidos que no defiendan los intereses ciudadanos, podría evitar una crisis a corto plazo de la propia UE, que comienza a ser un adefesio.
