¿Qué funciona bien en España?. Este país se encuentra sumergido en un espiral social y política que es necesario atajar de manera urgente.
La falta de interés por hacer la cosas bien, por el trabajo bien hecho, por el cumplimiento de los deberes que como ciudadanos tenemos cada persona, se esta evaporando.
Parece sólo existir la España del ocio, del disfrute temporal, del engaño y del aumento de la deuda pública, que dejará a las futuras generaciones en la pobreza.
Publicaba el digital Hispanidad, que el absentismo laboral en España se ha disparado un 78 por ciento desde el año 2.018 y que el gasto en bajas laborales es ya el segundo más alto detrás de las pensiones.
Se ha perdido el interés individual y colectivo por las cosas bien hechas y se ha instalado la ley del mínimo esfuerzo y de la mentira, en la que se sólo se habla de derechos, pero no de obligaciones.
El llamado estado del bienestar, frase solemne y absurda sólo puede existir con la colaboración de todos, con el trabajo duro de la sociedad y no con la ley del mínimo esfuerzo y las pagas del erario público que en muchos casos, no son incentivo alguno para trabajar.
Claro que hay personas que trabajan mucho y bien y que por cierto sus salarios no son justos, pero también hay muchas personas, que a través de la economía sumergida y de las ayudas oficiales se están acostumbrando a «no pegar un palo al agua».
La clase política es muy culpable de esta situación por favorecer intereses electorales a corto, en vez de hablar con claridad al pueblo y decirle la verdad.
Resulta que España, con récord de recaudación, sigue generando deuda, lo que debiera de llevar a preguntarse los motivos de tal situación que es muy peligroso para nuestro futuro como país.
Necesitamos un regeneración ética y moral, que la actual clase política parece no querer abordar, supongo porque la actual situación les beneficia a la hora de vivir con todo tipo de prebendas; sin querer darse cuenta de los graves perjuicios que generan.
Vamos camino del desastre absoluto y no queremos darnos cuenta, pero háganse una pregunta:¿Qué funciona bien en España?.
Pronto del estado de bienestar sólo quedara el nombre rimbombante y cursi.
