Cuando conocemos informaciones como las que se están produciendo en estas horas en el Reino Unido, nos podemos dar cuenta de que en España, tenemos una democracia de baja intensidad a la que más parece quedarla sólo el nombre.
Resulta, que después del fuerte varapalo electoral sufrido por el Partido Laborista en la reciente consulta municipal, donde esta formación ha quedado en algunos casos, reducida a la irrelevancia: la democracia interna, inexistente de hecho en los partidos españoles, se ha puesto sin embargo en marcha, y se producen dimisiones y ya se prepara una moción de censura por parte de los propios disputados laboristas, setenta de ellos ya han mostrado su apoyo a dicha moción y se han producido ya dos dimisiones de Secretarios de Estado.
Es decir, la democracia funciona y existe autocritica política y libertad suficiente por parte de los Diputados laboristas, para pedir la dimisión del Primer Ministro, Keir Stamer.
En España, como vemos ahora en el PSOE, ningún diputado ha mostrado la más mínima crítica a su líder, después de la continua pérdida de elecciones regionales.
Es decir, la democracia en los partidos españoles, pivota sobre un líder y su bien alimentado «staff», con el dicho ya conocido: «el que se mueva no sale en la foto»
Así, poco a poco, los partidos políticos pierden gran parte de su legitimidad política y la democracia queda hecha girones.
Los constituyentes españoles, no tengo la menor duda que tuvieron la mejor intención y pusieron lo mejor de si mismo, para elaborar una Constitución solvente, pero con el paso de los años se está demostrando sus grandes carencias de todo tipo, entre otras, el no haber otorgado a los diputados un poder concreto sobre una zona o territorio, para que tuvieran que dar cuenta ante sus propios electores de su labor.
Por ello, pese a que la democracia británica también tiene sus fallos, está a años luz de un sistema democrático como el español, que hace agua por todas partes.
