Estos días de vacaciones, en los que nuestra Comunidad es un crisol de personas procedentes de toda España y también en parte del extranjero, se puede observar claramente como la educación, las normas básicas de urbanidad y respeto al semejante parecen no abundar.
Prisas, por ocupar el primer lugar de la cola, a base de codazos, malos humores, protestas airadas, porque el camarero no da más de sí y tarda en llegar la consumición y protestas varias.
Me contaba una personas que trabaja como guía en una cueva, de los «malos humores» en demasiados casos de algunos visitantes, obviamente, hay también personas respetuosas y educadas, pero me decía que cada vez por desgracia, son menos.
Cruzando la bahía en una las queridas motoras de Los Reginas, pude presenciar como el otro día una señora se encaraba y se puso insoportable, porque se cerró una puerta y tenía calor, cuando obviamente el nordeste entraba por la proa y también podía molestar a otras personas, que calladas no decían nada, máxime, cuando estaba otra puerta abierta o podía salir al exterior de la lancha.
La señora en cuestión estaba realmente crispada por no soportar cinco minutos más de calor.
Salen de vacaciones, se creen que todos son derechos, sin importar los de los demás. Me pregunto, si merece la pena salir a disfrutar de una jornada de vacaciones crispado o enfadado.
Se observa una sociedad en general crispada, tensa, que se cree que sólo tiene derechos, pero que a los verdaderos derechos que nos están poco a poco quitando los que gobiernan, parece importarles «un bledo».
Es decir, vivimos en medio de una sociedad de los absurdo, en la que «cala» cualquier mensaje por nimio que sea, pero que a la hora de defender lo que verdaderamente merece la pena, se calla y mira hacia otro lado.
Me supongo que si muchos, demasiados están en plenas vacaciones crispados, en septiembre cuando llegue el pago de los libros de sus hijos y la factura de de la Visa, no sólo estarán crispados sino desesperados y mientras lo que mandan, riéndose a la cara de todos.
Vivimos una sociedad muy egoísta, pero muy fácil de dominar por parte de las élites, debido a falta de principios y valores realmente sólidos.
