Lo que se llama multiculturalidad, está suponiendo en términos generales un fracaso.
La multiculturalidad en si no es mala, todo lo contrario, en teoría es muy buena, siempre que las diferentes culturas, quieran sin perder su propia forma de ser, convivir y aceptar un marco superior de respeto entre tradiciones, costumbres y credos diferentes; es decir, aceptar un marco común superior de convivencia.
Sin embargo, algo que en teoría es en si es bueno o muy bueno, se puede en convertir en algo insoportable y desestabilizador para otra parte de la sociedad, cuando uno de los grupos llamados a convivir, no respeta las tradiciones, ni los derechos y creencias y trata de imponer de forma más o menos violenta, su forma de vivir, totalmente diferente, arrasando con tradiciones y costumbres milenarias de otros y sin respetar en nada los países de acogida.
Es decir, lo que en principio pudiera ser y de hecho es entre algunas etnias y religiones algo bueno como es la relación entre distintas culturas, por ser un crisol de identidades, se convierte en algo destructivo y sumamente peligroso para la convivencia en común, que es algo parecido a lo que ocurre en algunas ciudades y barrios de Francia, Bélgica, Reino Unido y Holanda.
De esta manera la multiculturalidad, algo bueno en si, se convierte en un elemento que distorsiona a la propia sociedad y acaba en graves enfrentamientos como hemos visto en Francia y en otros países de la vieja Europa.
Sólo desde el respeto escrupuloso a las leyes, la libertades y las tradiciones de todos, se puede convivir en paz y armonía, por lo que Europa debe replantearse la forma de defender con claridad las libertades y forma de vida conseguida después de la Segunda Guerra Mundial.
