DESASTROSO

La orden de cierre del interior de los establecimientos hosteleros en diecisiete municipios de Cantabria, es una decisión más de la “paranoia”” a la que estamos siendo sometidos por parte de las autoridades sanitarias.

Cuando en Cantabria, llevamos más de siete meses con menos fallecidos por todas las causas según el INE que en los últimos quince años, en el momento “cumbre” del verano se ordena el cierre del interior de los establecimientos, debido a que el llamado semáforo Covid, una serie de variables que casi nadie entiende, así lo dictamina.

El fondo de esta decisión, como otras muchas tomadas en comunidades de diferentes signo político, es la falta de escrúpulos por parte de casi todos los dirigentes en cercenar derechos y libertades fundamentales, recogidos en todos los tratados internacionales y en el caso de España en nuestra Constitución, que están dejando indefenso al individuo.

No se trata de negar la pandemia, ni el dolor causado por la misma en los meses de febrero, marzo y abril, sobre todo del pasado año, se trata, de tomar decisiones que permitan seguir “viviendo” a la sociedad y no causar daños mayores.

El número de suicidios en España, algo de lo que no se habla está en cifras alarmantes, una media de diez personas se quitan la vida en nuestro país y la forma de tratar la pandemia, a contribuido de manera clara a este aumento.

Cuando importantes científicos realizaron el pasado año, la declaración de Great Barringthon, contraria a los confinamientos y favorable a otro tipo de medidas, la misma fue ocultada por intereses ocultos y que algún día conoceremos.

Vivimos sumidos en la mentira y en la exageración, de unos dirigentes que salvo excepciones, en cualquier ámbito empresarial, hubieran sido despedidos por su mala gestión; sólo la labor lamentable de casi todos los medios de comunicación permite que ello no ocurra.

No necesitamos más medidas que suman en la pobreza y en la desesperación a miles de personas en Cantabria, necesitamos personas que tomen decisiones basadas en la verdad y en la proporcionalidad, velando siempre por los derechos individuales: tales como la libertad de movimientos, el derecho al trabajo y el derecho a saber la verdad y no a la mentira o a la exageración permanente.

Los ciudadanos de Cantabria, en este caso, debiéramos de decir ¡basta ya! .