La credibilidad, es una virtud que lleva mucho tiempo el conseguir y se puede perder en un sólo momento.
Es verdad, que la apariencia de las cosas, de los relatos, no siempre tienen porque obedecer a la verdad, aunque en lo que tiene apariencia de veracidad, en casi todos los casos suele ser real y cierto.
Lo mismo que parece ciertamente poco creíble, que en el llamado caso Kitchen, el señor Rajoy no supiera nada de nada como parece manifestó en la Audiencia Nacional, parece también muy difícil de creer, que en el asunto que se juzga en el Tribunal Supremo que afecta a Ábalos, Koldo y al comisionista Aldama, el número uno del PSOE, es decir Pedro Sánchez, no tuviera ni pequeña noción de las andanzas de Koldo y Ábalos, junto con Aldama.
Hasta ahora, me refiero en las declaraciones y testimonios de meses atrás, todo lo dicho por Áldama, ha tenido verisimilitud y el tiempo ha dejado bastante evidente, que casi todo lo dicho por este señor ha sido cierto.
Lo declarado hoy ante el Tribunal Supremo, por Aldama es de tal gravedad, que al menos, debiera abrirse una investigación judicial, una pieza nueva, para conocer si lo dicho por este señor, sobre el número uno es cierto, o es por el contrario una invención.
Lo que no debiera suceder, es que los ciudadanos nos quedáramos una vez más con la sensación como en el caso Kitchen, de que supuestamente las responsabilidades, pudieran llegar a lo más alto y sin embargo todo queda en palabras.
No se trata de prejuzgar, ni mucho menos condenar, no respetar la presunción de inocencia de ninguna persona, pero en España, tenemos ya algunas experiencias de que llegando a lo más alto todo parece quedar en nebulosa, recuerden la X de los GAL, nunca despejada, recuerden como se ha tardado doce años en juzgar a Jordí Pujol.
Muchos ciudadanos, tienen al menos la sensación de que llegando a ciertas alturas, las cuestiones judiciales parecen tener calibración diferente, aunque igual, es que las apariencias engañan, vayan ustedes a saber.
